Una encuesta realizada por la Universidad Manuela Beltrán (UMB) reveló que el 39,2% de los jóvenes colombianos ha probado cigarrillos electrónicos o vapeadores al menos una vez en su vida, impulsados principalmente por sabores atractivos y una percepción errónea de bajo riesgo. El estudio, publicado en el marco del Día Mundial Sin Tabaco que se conmemora cada 31 de mayo, contó con la participación de 275 jóvenes encuestados en colegios, universidades y reuniones sociales, y evidencia una preocupante tendencia al alza en el consumo de estos dispositivos entre la población juvenil. Las autoridades sanitarias, representadas por la Liga Colombiana Contra el Cáncer, han reiterado las advertencias sobre los daños pulmonares irreversibles asociados al vapeo, que van desde bronquitis recurrentes hasta enfermedades crónicas como EPOC y cáncer de pulmón.
Según los resultados de la encuesta, el 60,8% de los participantes manifestó no haber consumido nunca cigarrillos ni vapeadores, y 9 de cada 10 encuestados no los utilizan actualmente. Sin embargo, la directora del programa de Terapia Respiratoria de la UMB, Luz Adriana Ausique, hizo énfasis en el riesgo que implica la experimentación temprana. “Aunque se pudo identificar que 9 de cada 10 encuestados no consumen actualmente ninguno de los dos productos, existe un grupo significativo que ya tuvo contacto previo con estas sustancias. La experimentación representa un factor de riesgo importante para consumo futuro y dependencia nicotínica”, advirtió Ausique. Los espacios donde los jóvenes tienen su primer contacto también son reveladores: el 23,2% lo hizo en fiestas o reuniones sociales y otro 23,2% en el colegio, lo que evidencia la normalización del vapeo en entornos educativos y de esparcimiento.
Factores de consumo y percepción de riesgo
La encuesta indagó en las motivaciones detrás del consumo. El 41% de los jóvenes identificó los sabores y la experiencia recreativa como el principal incentivo para vapear, mientras que el 40,2% señaló la curiosidad o la influencia de la moda. En el caso de la primera experiencia, la curiosidad fue el detonante para el 36% de los encuestados. Además, un 25,9% asocia el consumo con una reducción del estrés o la ansiedad, lo que revela una conexión directa entre la salud mental y el inicio en el vapeo. Los datos también muestran una grave falta de información: el 48,5% de los jóvenes desconoce el potencial adictivo de los dispositivos, el 23,7% no percibe efectos negativos inmediatos, el 20,7% reconoce dificultad para dejar el hábito, y el 17% cree que vapear “no es tan grave” para la salud. De hecho, un 9% piensa que los vapeadores son menos perjudiciales que los cigarrillos convencionales, una creencia que contradice las evidencias científicas. Las cifras nacionales son igualmente preocupantes: de acuerdo con el Ministerio de Salud, más de 1,1 millones de personas en Colombia han probado cigarrillos electrónicos.
Advertencias de la Liga Contra el Cáncer
El doctor Daniel Alejandro Cardozo, de la Liga Colombiana Contra el Cáncer, fue enfático al señalar las consecuencias clínicas del uso habitual de estos dispositivos. “En algunos casos, el daño puede avanzar hacia problemas pulmonares más crónicos, como las bronquiectasias o alteraciones celulares en la estructura del pulmón que afectan su funcionamiento a largo plazo”, explicó. La Liga advierte que el consumo de vapeadores no solo se asocia con cáncer de pulmón, sino también con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), exacerbaciones de asma y bronquitis recurrentes. La Organización Mundial de la Salud, por su parte, ha alertado sobre las estrategias de marketing dirigidas específicamente a los jóvenes, que utilizan sabores frutales y diseños llamativos para minimizar la percepción del peligro y normalizar el consumo.
“En algunos casos, el daño puede avanzar hacia problemas pulmonares más crónicos, como las bronquiectasias o alteraciones celulares en la estructura del pulmón que afectan su funcionamiento a largo plazo”.
Dr. Daniel Alejandro Cardozo, Liga Colombiana Contra el Cáncer
Frente a este panorama, los investigadores de la Universidad Manuela Beltrán y los expertos de la Liga recomiendan fortalecer las campañas informativas en ambientes educativos y sociales, incluyendo la salud mental como un componente clave en la prevención, y promover espacios de diálogo familiar y académico donde se aborde de manera realista la presión social y los riesgos del vapeo. La evidencia es clara: la experimentación temprana con estas sustancias no es un juego pasajero, sino una puerta de entrada a la dependencia nicotínica y a daños pulmonares que pueden marcar la salud de toda una generación.












