El documentalista colombiano Rodrigo Borda Daza reveló en una entrevista concedida a la revista Cambio los devastadores efectos humanos de las 24 pruebas nucleares realizadas por el Reino Unido en la Isla de Navidad durante la Guerra Fría, entre 1957 y 1958. A través de su documental «Our Planet, The People, My Blood», coproducido junto al director Daniel Everitt-Lock, Borda Daza recopila testimonios conmovedores de veteranos como el británico Brian Unthank, descendientes y víctimas directas, destacando la falta de reconocimiento oficial y las consecuencias persistentes de la radiación en lugares como la Isla de Navidad, las Islas Marshall —incluidas Enewetak y Bikini— y el desierto de Nevada.
El filme integra entrevistas profundas y la filtración de archivos médicos para exponer cómo estas pruebas, ordenadas por el Ministerio de Defensa británico fuera de su territorio, han dejado un legado de cánceres, enfermedades autoinmunes, deformidades y abortos espontáneos. Borda Daza enfatiza la indefensión de los ciudadanos, incluso soldados que sirvieron a su país, frente al establishment, mientras que en contraste, Estados Unidos desclasificó expedientes y pidió perdón bajo el presidente Bill Clinton por sus 67 pruebas en las Islas Marshall.
Testimonios que estremecen
Entre las voces más impactantes figura la del veterano británico Brian Unthank, quien describió la explosión inicial con palabras inolvidables.
“Ni aun si viviera 1.000 años tendría cómo describir con justicia la densidad de la luz, el brillo que le siguió a la primera bomba”
Brian Unthank, veterano británico
Otros veteranos entrevistados recordaron el flash tan intenso que eclipsó al Sol, mientras Borda Daza denuncia lo aterrador que resulta que, setenta años después, el Ministerio de Defensa británico mantenga la narrativa de no haber realizado pruebas nucleares, pese a los testimonios y registros de detonaciones. Descendientes relatan nacimientos con dos cordones umbilicales, pérdida prematura de dientes y enfermedades raras, como las sufridas por la activista Mary Dickson, quien perdió a su hermana por lupus, o el sobreviviente de Hiroshima Howard Kakita.
“Hacer el documental fue darse cuenta lo indefenso que está un ciudadano, así haya sido un soldado que le sirviera al país, frente al establecimiento”
Rodrigo Borda Daza, documentalista
Cifras que revelan la magnitud del desastre
Las cifras son alarmantes: en el Reino Unido, 155.000 descendientes han sido afectados, y el gobierno ha gastado más de 17 millones de libras esterlinas en litigios. La prueba Bravo Shot fue mil veces más potente que las bombas de Hiroshima y Nagasaki, mientras que en las Islas Marshall la contaminación provocó exilios masivos y residuos equivalentes a una bomba de Hiroshima diaria durante 20 años, con compensaciones irrisorias de apenas 73 dólares por trimestre. En Nevada, se realizaron 992 pruebas entre 1951 y 1992, relacionadas con unas 400.000 muertes, en un contexto de propaganda como la serie animada «Duck and Cover» o campañas estadounidenses por la «armonía de la humanidad».
“Es aterrador cómo, setenta años después, el Ministerio de Defensa de Reino Unido ha podido mantener la narrativa de que no hicieron pruebas nucleares cuando los testimonios están ahí y los lugares de detonación están registrados”
Rodrigo Borda Daza, documentalista
El documental, nominado y galardonado internacionalmente, surge del esfuerzo de organizaciones como Labrats, fundada por Alan Owen, y ha sido destacado en redes como Instagram de Borda Daza y @atomicblooddoc. Esta obra no solo visibiliza la lucha por la publicación de análisis de sangre y compensaciones justas, sino que subraya la urgencia de reconocer las secuelas de un pasado nuclear que aún sangra en generaciones presentes.

















