El exsenador Gustavo Bolívar alertó en su blog sobre la trágica participación de menores en el conflicto armado colombiano, revelando que al menos 348 niños han sido dados de baja en combates desde 1998, y enfatizó con firmeza que ningún menor debe estar en la guerra, independientemente de las circunstancias. Basado en informes del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), Unicef, la ONU, la Defensoría del Pueblo y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), Bolívar compiló cifras que abarcan desde 1960 hasta el primer semestre de 2025, destacando el reclutamiento forzado por grupos armados en regiones como Guaviare, Arauca y Amazonas.
Entre las estadísticas más impactantes, el informe “Una guerra sin edad” del CNMH registra 16.879 menores reclutados entre 1960 y 2016, mientras que Unicef y la ONU documentaron 1.200 casos entre 2019 y 2024. Para el primer semestre de 2025, la Defensoría del Pueblo reportó 55 menores involucrados, y excomandantes de las Farc confesaron ante la JEP haber reclutado alrededor de 18.000 niños entre 1996 y 2006. Además, Medicina Legal confirmó la muerte de 15 menores en bombardeos recientes, con más de la mitad de los casos ocurriendo en comunidades indígenas, atribuidos a condiciones de desigualdad y abandono estatal acumulado durante décadas.
Cifras que reavivan el debate por los bombardeos del gobierno Petro
Estas revelaciones reabren un debate polarizado en torno a los bombardeos ordenados por el gobierno de Gustavo Petro, donde perecieron esos 15 menores confirmados, y subrayan la persistencia del reclutamiento infantil pese a los esfuerzos por la paz. Bolívar insiste en la existencia de un gran subregistro en las cifras oficiales, lo que agrava la necesidad de abordar el problema sin doble moral, reconociendo que la presencia de niños en zonas de combate responde a décadas de negligencia estatal y pobreza extrema.
“Ningún menor debe estar en la guerra, sin importar cómo llega”
Gustavo Bolívar, exsenador
En un llamado urgente, el exsenador concluyó que “hay un gran subregistro” y reiteró: “Ningún menor debe estar en la guerra”, instando a una reflexión colectiva sobre las raíces estructurales del conflicto para prevenir futuras víctimas en esta guerra sin edad que sigue cobrando la vida de la infancia colombiana.

















