Asesinan a guarda Éduer Zúñiga del ingenio La Cabaña en vía Candelaria (Valle)-Puerto Tejada (Cauca)

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Éduer Zúñiga Restrepo, un guarda de seguridad de 48 años residente en Pradera y empleado del ingenio La Cabaña, fue asesinado este viernes 28 de noviembre alrededor de las 7:00 de la mañana en un ataque armado perpetrado en la vía que une Candelaria, en el Valle del Cauca, con Puerto Tejada, en el Cauca, específicamente en el sector conocido como El Basurero, cerca de la vereda Zanjón Rico. Su compañero de trabajo resultó gravemente herido en el mismo incidente, en el que según la Fiscalía participaron alrededor de ocho personas que interceptaron a los vigilantes con aparentes intenciones de asalto y abrieron fuego cuando estos intentaron defenderse.

El herido fue trasladado de inmediato a un centro asistencial en condición crítica, mientras que la zona fue acordonada por personal de la Sijín y el CTI de la Fiscalía para la recolección de pruebas. La hipótesis inicial apunta a grupos delincuenciales responsables de robos e intimidaciones contra trabajadores rurales en la región, en un contexto de creciente ola de violencia que afecta al sector cañero.

Ola de inseguridad en el sector azucarero

Este ataque se suma a una serie de incidentes graves en lo que va del año, con seis empleados del sector cañero asesinados y ocho más lesionados. Un caso reciente ocurrió el 8 de noviembre, cuando Jordy Alexis Cárdenas Campo, guardavías del mismo ingenio La Cabaña, fue asesinado en zona rural de Padilla, Cauca, un hecho que conmovió a la industria y generó alertas sobre la vulnerabilidad de estos trabajadores.

«Asocaña y los ingenios azucareros repudiamos este ataque que deja un trabajador asesinado y otro gravemente herido. La inseguridad ha alcanzado un punto límite y no podemos normalizar que salir a trabajar represente un riesgo para la vida».

Claudia Calero, presidenta de Asocaña

Asocaña ha expresado su absoluto rechazo al suceso y exige acciones urgentes al Gobierno Nacional y a la Fiscalía para garantizar la seguridad en estas zonas rurales, donde la violencia contra los trabajadores del campo se ha convertido en una amenaza cotidiana que no puede seguir normalizándose.

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