En un acto de heroísmo que conmovió a la comunidad de Paz de Río, en Boyacá, el subintendente de policía Jeiner Custodio Cuesta Cuesta rescató con vida al bebé Arturito, de apenas 23 meses, de entre los escombros de una vivienda destruida por completo tras el impacto de una tractomula el jueves 28 de noviembre de 2025, alrededor de las 12:50 p. m. El trágico accidente ocurrió en el barrio El Progreso, a la entrada del municipio, cuando el vehículo de carga se salió de la vía, se volcó y colisionó contra la casa, aparentemente por una falla mecánica, dejando un saldo de tres fallecidos, entre ellos los menores Luis Alejandro Delgado Cárdenas, de 13 años, y Sara Isabel Pinzón Cárdenas, de 11 años, así como el conductor que quedó atrapado en la cabina.
Seis personas resultaron heridas en el siniestro, incluyendo al propio subintendente Custodio, quien sufrió lesiones en las manos durante la operación de rescate, mientras que familiares de Arturito, como su abuelo, auxiliaron en la búsqueda entre los restos. El bebé fue hallado cubierto de carbón en una zona de difícil acceso, y su extracción se convirtió en el milagro del día en medio de la devastación total de la estructura.
El instante del rescate y el llanto que dio esperanza
Jeiner Custodio Cuesta Cuesta relató con emoción cómo, al principio, confundió al pequeño con un muñeco entre los escombros. Procedió a verificarlo y, con determinación, lo sacó de allí, notando que respiraba y soltaba un llanto que llenó de esperanza el lugar. Lo cargó en su pecho y, una vez en un área segura, algunos familiares intentaron recibírselo por la alegría del momento, aunque él priorizó entregarlo al centro de salud siguiendo el protocolo de primeros auxilios. En contraste, al verificar otros cuerpos, como el de uno de los menores, confirmó que ya no tenían signos vitales.
«Imaginé yo que era el muñeco. Al verificar, trato de sacarlo y bien que lo saca, él respira, suelta un llanto, me lo llevo en mi pecho».
Jeiner Custodio Cuesta Cuesta, subintendente de policía
Jessica Manrique, madre de Arturito, no cabía en su asombro ante el milagro de ver a su hijo hospitalizado solo dos días y regresando a casa sin consecuencias graves, pese a la altura desde la que cayó entre los escombros. Su uniforme dañado durante la hazaña evidencia el riesgo asumido por el uniformado, quien atribuyó su protección a una fuerza superior ligada a su labor de alto riesgo.
«No hay palabras para agradecerle lo que hizo por nosotros. Realmente, es un milagro que mi bebé esté bien, esté vivo, esté sano, esté completo, porque realmente de donde él estaba, donde cayó, es una altura… Entonces, no, pues que Dios lo bendiga, que la Virgen lo proteja…».
Jessica Manrique, madre de Arturito
«Que quizás si existe un Dios que me cuide, que me cuide por mi trabajo, por mi alto riesgo en mi institución».
Jeiner Custodio Cuesta Cuesta, subintendente de policía
Este suceso subraya los peligros cotidianos en las vías boyacenses y resalta el valor de los uniformados en emergencias, dejando un mensaje de gratitud y fe en medio de la tragedia que enluta a las familias afectadas en Paz de Río.















