En la porosa frontera entre Colombia y Venezuela, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias del Frente 33 de las FARC libran una feroz disputa por el control territorial, con el objetivo principal de dominar las rutas clave del narcotráfico que facilitan el paso de cocaína hacia Estados Unidos y Europa. Esta confrontación, que se arrastra por varios años y ha cobrado fuerza con decomisos recientes, se concentra en regiones críticas como el Catatumbo, la Guajira, Arauca, Vichada, el estado venezolano de Apure, Zulia y Amazonas. Las bandas utilizan rutas fluviales, terrestres y aéreas, incluyendo pistas clandestinas, y no dudan en expulsar familias enteras de fincas para instalar puntos de carga de droga, generando desplazamientos forzados, enfrentamientos armados y un impacto devastador en la población civil.
La situación se agrava por la colaboración presunta de la fuerza pública venezolana y el fortalecimiento de economías ilegales, como el aumento de cultivos de hoja de coca y la explotación de yacimientos mineros ilícitos de oro. Informes de inteligencia venezolanos han alertado sobre la presencia de grupos armados colombianos en Zulia y Amazonas, mientras que la Plataforma Periodística para las Américas reporta un incremento del narcotráfico en el Catatumbo a través de rutas venezolanas. En Venezuela se han detectado al menos 30 pistas clandestinas dedicadas al narcotráfico, y las acusaciones contra el presidente Nicolás Maduro por vínculos con el tráfico de drogas en Estados Unidos han reactivado la participación de carteles mexicanos y brasileños en la región.
Corredores estratégicos y hegemonía del ELN
El experto en geopolítica Juan Camilo Ubaque describe cómo el tránsito de estos grupos armados se facilita mediante una red de corredores que conectan la Península de la Guajira, la región del Catatumbo y la cuenca del Orinoco. En la Guajira, la línea divisoria es frágil y prácticamente imperceptible; en el Catatumbo, la red fluvial de la cordillera actúa como un motor de desplazamiento, mientras que en los departamentos de Arauca y Vichada, la vasta sabana impide una delimitación física real. Además, destaca que el Frente de Guerra Oriental del ELN se posiciona como una estructura hegemónica con un epicentro estratégico entre el estado Apure en Venezuela y el departamento de Arauca en Colombia, extendiendo su influencia por los Llanos Orientales y adentrándose en las regiones amazónicas y del Orinoco, donde explota yacimientos mineros ilícitos de oro en el arco amazónico que une al Vichada con el Amazonas bolivariano.
“En este corredor, que conecta con el Caribe, hacen presencia unidades como el Frente 6 de Diciembre, el Frente Luciano Ariza y el Frente Gustavo Palmesano. Estas facciones aprovechan la conexión natural de la Serranía del Perijá para articularse con los demás frentes, cerrando así un anillo de control que permite el flujo ininterrumpido de recursos, combatientes y mercancías ilícitas a lo largo de toda la franja fronteriza oriental”
Juan Camilo Ubaque, experto en geopolítica
Esta dinámica no solo alimenta el narcotráfico, sino que profundiza la crisis humanitaria en la frontera, con el ELN expulsando familias a lo largo del río Catatumbo para establecer sus operaciones de carga de cocaína. Fuentes como Noticias Caracol, Infobae Colombia y la Plataforma Periodística para las Américas subrayan la urgencia de una respuesta coordinada entre ambos países para frenar esta escalada que amenaza la estabilidad regional.

















