En 1932, el artista japonés Shishido Sagyō creó un mapa pictórico de Sudamérica titulado «Hitome de wakaru manga sekai genjō chizu», publicado como suplemento de la revista «Hi no De», que ofrece una fascinante visión de la perspectiva japonesa sobre Colombia y el continente, destacando el nacionalismo, la propaganda, las comunidades niponas, los recursos naturales, la inmigración agrícola y los lazos diplomáticos. Este documento, elaborado en un estilo caricaturesco con ilustraciones infantiles y colores brillantes, representa elementos icónicos como los cafetales en Brasil, los campos petroleros en Venezuela, los volcanes y cóndores en Ecuador, y pone especial énfasis en la biodiversidad y los recursos de Colombia, junto con asentamientos japoneses en el Valle del Cauca, cerca de Corinto y Caloto.
El mapa surge en un contexto de intensos intercambios entre Japón y Colombia, impulsados por el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado en 1908, que fortaleció vínculos diplomáticos y comerciales en la década de 1930 sin alianzas militares. La inmigración japonesa a Colombia se intensificó en esos años, con grupos llegando en 1929, 1930 y 1935, promovidos por programas gubernamentales de tecnificación agrícola y asentamientos independientes. Japón, con una población que superaba los 65 millones de habitantes y un crecimiento económico anual del 5 por ciento, vivía un auge de militarismo y expansionismo, marcado por la invasión de Manchuria y la creación de Manchukuo, en medio del impacto de la Gran Depresión. Mientras tanto, Colombia enfrentaba en 1932 el Incidente de Leticia con Perú por el control del Trapecio Amazónico.
Una caricatura geopolítica del mundo
Shishido Sagyō no solo enfocó el mapa en Sudamérica, sino que lo extendió a una visión caricaturesca de la situación geopolítica mundial, incluyendo figuras como Gandhi, Mussolini, Stalin, Hitler, Chiang Kai-shek y Al Capone, para resaltar la propaganda nacionalista japonesa y la percepción estratégica de los recursos naturales. El documento subraya la presencia de comunidades japonesas en Brasil y Ecuador, reflejando los esfuerzos del gobierno nipón por expandir su influencia agrícola y comercial en la región, en un momento en que se abrían embajadas: la de Japón en Bogotá en 1934 y la de Colombia en Tokio en 1935.
Créditos del mapa van a Shishido Sagyō ga, mientras que fotografías de japoneses en Colombia de 1920 provienen de la Universidad de los Andes. Esta pieza histórica revela cómo Japón veía a Colombia como un destino prometedor para su expansión demográfica y económica, integrando propaganda y diplomacia en una narrativa visual colorida y accesible.

















