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Yeison Jiménez… El sabor de su música y el poder de las palabras

Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO

De Yeison Jiménez nunca escuché una canción. Lo confieso.

Pero, siempre admiré su sencillez sin aspavientos, virtud escasa en estos tiempos de artistas arrebatados, futbolistas escaparate y políticos oportunistas.

Tipos que desconocen que la fama envilece, domina la cabeza, abraza, aprieta, ahoga y mata, como lo advertía Facundo Cabral.

A Yeison lo reconocieron sus colegas y amigos, entre llantos auténticos, en su despedida. Allí quedó expuesta una historia admirable, la del ganador de origen humilde, que luchó sin descanso hasta situarse entre los mejores intérpretes.

La noticia de su muerte llegó intempestiva y dolorosa. El golpe fue profundo, perceptible por la conmoción de la tragedia.

Al repasar imágenes de su corta vida, me detuve en sus frases premonitorias, aquellas en las que parecía presentir su partida con una obsesión dramática.

Entonces recordé a Mariano Sigman y “El poder de las palabras”. A Celia Cruz proclamando que “la vida es un carnaval”; a Sammy Marrero y su eterno “Siempre alegre”.

A Héctor Lavoe recordando que “Todo tiene su final”, a Darío Gómez sentenciando que “Nadie es eterno en el mundo” y a Omar Geles y su sublime “Los caminos de la vida”.

El impacto del hecho me condujo inevitablemente a evocar otros accidentes trágicos de famosos.

Cosas del destino.

Pedro Infante, inmortal cantante de rancheras, cayó mientras piloteaba su aeronave. Diogo Jota, el año pasado, al volante de su Lamborghini, rumbo a la pretemporada del Liverpool. Ruby Pérez, víctima del colapso del techo de la discoteca en la que actuaba.

Freddy Rincón, al volante de su carro, el que conducía con extrema velocidad al amanecer de abril de 2022.

También las tragedias colectivas, la de los jugadores del Torino, en Italia, al estrellarse contra la Basílica de Superga. Los del Manchester al colapsar su avión en el aeropuerto de Múnich.

Los de Chapecoense, hace diez años, lo que despertó la solidaridad antioqueña. Los de Alianza de Lima en el 87; los rugbiers uruguayos cuando cruzaban los Andes, con una posterior lucha brutal por sus vidas.

La muerte de Yeison Jiménez impacta por la tragedia, por su juventud, por sus acompañantes, por el alcance social de su fama, por su ejemplar historia de superación, por los hechos que la precedieron y por su innegable ascenso en el firmamento artístico.

“Aquellos que más temen a la muerte, disfrutan menos de la vida”.

Edward Abbey

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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