O
Por SAMUEL SALAZAR NIETO
A las seis de la mañana, la radio despertaba al país. Una voz marcaba el ritmo del día y lo que se dijera allí sería tema de conversación nacional.
Incluyo en esta columna el audio de una de las presentaciones del programa radial 6am 9am Noticias Cada Instante en la segunda mitad de la década de los noventa. No lo hago para hacer alarde de que estuve formando parte de ese grupo de profesionales del periodismo de la época, sino para que la gente recuerde o tenga una idea de la radio de hace unos años en Colombia, cuando este medio de comunicación marcaba la pauta en el país y era ejemplo de un periodismo que le hacía honor a la verdad y estaba basado en los principios éticos de una profesión que un día, por obra y gracia de un fallo judicial, fue despojada de su estatus académico para convertirla en un simple oficio.
Para entonces el programa ya tenía 15 años. La radio colombiana a partir de la creación de este espacio matutino fue toda una revolución; era pionera y respetada por su liderazgo no sólo a nivel nacional sino en toda Latinoamérica. Qué honor haber estado ahí, formando parte de esos equipos, al lado de tantas glorias de nuestro periodismo y en un momento tan importante de la historia del país.
6am–9am nació en la Semana Santa de 1979 como una apuesta que rompió con la programación religiosa de la época y dio paso a un nuevo modelo de radio informativa. Los maestros Yamid Amat, Julio Nieto Bernal, Alfonso Castellanos y Antonio Pardo García lideraron ese giro audaz que transformó para siempre la forma de informarse por parte de los colombianos. Desde entonces, la agenda del país dejó de depender de las noticias del día anterior que publicaban los periódicos: fue la radio, con su inmediatez y su capacidad de narrar el presente, la que impuso el ritmo nacional. El génesis de ese revolcón lo relatan en detalle Yamid Amat y Ricardo Alarcón Gaviria en el libro “Testigos: 35 hechos y voces para la Historia”, que publicó Caracol Radio hace algunos años.
Ese cambio marcó el inicio de un proceso de modernización que, durante las décadas siguientes, la consolidó como una de las mejores y más respetadas del continente. Con redacciones sólidas, reporteros en campo por todas las capitales del territorio nacional y el mundo, un periodismo vibrante y formatos innovadores, se convirtió en el gran foro público del país: un espacio de rigor, debate y servicio.
En lo personal el verdadero valor de formar parte del equipo de 6am 9 am no era, y estoy seguro que para la mayoría de los colegas de la época tampoco, estar en el micrófono ni en la fama: estaba en el oficio, en el rigor y en la responsabilidad de informar con claridad y sin temor. Éramos como abejas obreras de un panal que trabajábamos por los oyentes, para honrar esa frase con la que terminaba la presentación y que aunque sonara de cajón, lo significaba todo : “Con Usted, la Información”.
Era una época en la que, si bien muchos medios eran controlados por algunos emporios económicos o simpatizaban o estaban cerca a un gobierno o tendencia política, , estos mantenían distancia y respetaban la independencia periodística. En lo personal jamás alguien me dijo, “hay que bajar esa noticia” o “esa información no va”, como sí le ocurre hoy a muchos colegas.
Quienes no la vivieron se preguntarán ¿qué hace diferente a la radio de antes?
La radio era el centro de gravedad del país. Hoy, ya no es la dueña de la agenda sino un actor de reparto en un ecosistema caótico. Antes, la validación de una noticia pasaba por filtros éticos y la dirección de maestros que cuidaban la verdad; ahora la radio compite con la inmediatez de redes sociales como X (Twitter) o TikTok, es decir, se pasó del rigor al clic. Antes la tarea era conseguir la primicia confirmada; en la actualidad el tema es de dinámica de consumo, el engagement. La radio actual a menudo se limita a comentar lo que es tendencia en redes, perdiendo su capacidad de investigar y profundizar.
Lo que se decía en 6am 9am definía de qué hablaba el país el resto del día. Los ministros y el Presidente esperaban la llamada para dar explicaciones, mientras que la agenda actual está fragmentada, el poder ya no siente la misma presión de la radio porque puede comunicarse directamente con la gente a través de sus propias redes.
La radio pasó de ser el «gran foro público» a una «cámara de eco» para ciertos sectores.
En los últimos años, las grandes cadenas (Caracol, RCN) han vivido despidos masivos y fusiones (como la de La FM y RCN Básica o los cambios drásticos en Caracol). Se ha perdido la figura del «reportero de calle» experimentado. Hoy, un solo periodista debe grabar, editar, tuitear y salir al aire (no es su culpa), lo que inevitablemente sacrifica la calidad y el contraste de fuentes que era el sello de la generación anterior.
En los 90, el centro era el dato, la noticia. Ahora tenemos una mezcla de noticia, marketing y editorial muchas veces disfrazado de análisis. Se le da más tiempo a la frivolidad o al debate de panelistas (muchas veces con sesgos marcados) que al reporte de los hechos. Esto ha generado una crisis de credibilidad, donde el oyente ya no sabe si está escuchando una noticia o la agenda política del dueño del medio.
Ya habrá tiempo de hacer el gran debate sobre la crisis de la radio hoy. Muchos atribuyen la caida a las redes sociales, que relegaron su protagonismo. Pero también es cierto que faltó liderazgo, innovación y audacia para afrontar los nuevos retos, y sólo se pensó en la noticia como negocio y además se la convirtió en instrumento de defensa de intereses económicos e ideológicos, poniendo en segundo plano a la audiencia, que muchos hoy creen que son los militantes de su partido.
Ojalá funcione la nueva etapa del programa que hoy llaman 6am – W y que trata de unir dos audiencias que, por el lado que se les mire, no son las mismas. Los fieles oyentes de Caracol, esos que han permanecido leales a pesar del entorno de vicios que rodea hoy la presentación de noticias, (esos que añoran los titulares a grandes voces que se leían a las seis de la mañana como preámbulo de cómo comenzaba el día) son los que probablemente van a sufrir con el nuevo esquema. ¿Se adaptarán a él? El tiempo y la historia nos dirán si la radio colombiana recupera el liderazgo que perdió y construyó por casi 40 años como pionera de un periodismo serio, responsable, independiente de los poderes y de servicio y respeto por el oyente.
La tarea no es fácil si en verdad el norte es respetar el derecho del ciudadano a estar bien informado, que no manipulado, y el objetivo principal es el oyente, no el clic.
sos













