Mauricio Galibello Medina, sacerdote condenado en 2011 por el delito de acceso carnal abusivo con una menor de 14 años en Bogotá, Colombia, continúa prófugo después de más de 15 años y se desempeña en actividades religiosas en Perú, donde funge como reverendo diácono anglicano en Trujillo y Lima. El abuso ocurrió en 2009 contra una niña de nueve años, cuando Galibello Medina, quien también trabajaba como docente, recibió una sentencia de 13 años y cuatro meses de prisión dictada por el Juzgado 32 de Conocimiento de Bogotá, aunque fue condenado en ausencia tras huir a inicios de 2012.
La madre de la víctima presentó la denuncia en 2012, y la Fiscalía la acompañó hasta la obtención de la condena. A pesar de una captura en Lima en 2018, una circular roja de Interpol y la aprobación de extradición por parte de Perú, la orden no se ejecutó, y en diciembre pasado un juez avaló la prescripción de la pena, pese a que Galibello Medina no cumplió un solo día de prisión. La Iglesia Anglicana en Trujillo mantuvo su vinculación al menos hasta el año pasado, permitiéndole predicar y estar en contacto con niños.
La indignación de la madre y la dureza de la sentencia
La madre de la víctima expresó su frustración por la falta de justicia: «Todavía sigo con el caso, pero no, no pasa nada», y detalló el proceso: «En el 2009, un cura abusó de mi hijo. Yo hice la denuncia en el 2012. Una, ¿una qué? Una condena de trece años, y cuatro meses. Hasta ahí la Fiscalía me acompañó, hasta cuando hubo la condena». Agregó su dolor al verlo activo: «Él está allá, como quien dice: «Yo no hice nada, aquí no pasó nada». Lo veo dando la hostia, dictando la palabra de Dios, rodeado de niños. Entonces, la verdad, siento una tristeza muy grande, ¿ves? Porque… ¿Dónde está la justicia?».
«Sin importar que se trataba de un niño de nueve años de edad y que desarrolló en aquel una notable perturbación mental, por lo que reflejó una ausencia de valores, pues no le importó ni sintió el menor respeto ni compasión para con la víctima o la sociedad, omitiendo que era un sujeto de quien se esperaba, por su condición y supuesta vocación religiosa, un mayor respeto por los niños, máxime si se considera que también se desempeñaba como docente».
Jueza del Juzgado 32 de Conocimiento de Bogotá
Este caso resalta las fallas en la ejecución de condenas internacionales y la impunidad en delitos contra menores, dejando a la familia en un limbo judicial mientras el condenado sigue ejerciendo roles de confianza en entornos religiosos.















