Juan Santiago Gallón Henao, figura vinculada al encubrimiento del homicidio del futbolista Andrés Escobar, fue asesinado a balazos el pasado 4 de febrero al ingresar a un restaurante en México. Gallón, quien junto a sus hermanos había sido condenado por obstruir la justicia en el caso del ídolo del Atlético Nacional, recibido múltiples disparos en un ataque que evoca la violencia del narcotráfico y el crimen organizado en el que estaba inmerso. Este suceso reaviva el doloroso recuerdo del asesinato de Escobar, ocurrido el 2 de julio de 1994 en la discoteca Padua de Medellín, donde Humberto Muñoz Castro le disparó tras una discusión relacionada con el autogol que el jugador anotó en el Mundial de Estados Unidos ese año.
En el encubrimiento del crimen de Escobar, los hermanos Gallón Henao presentaron una denuncia falsa de robo para desviar la investigación, lo que les valió una condena de 15 meses de prisión sin reclusión efectiva. Muñoz Castro, por su parte, recibió 43 años de cárcel pero cumplió solo 11. Gallón fue capturado en enero de 2018 en Cúcuta por liderar una red de narcotráfico que ocultaba cocaína en alimentos para animales con destino a Reino Unido y Estados Unidos, aunque obtuvo la libertad en 2019. Además, en 2009, otros paramilitares relacionados recibieron sentencias de tres años y tres meses por el Juzgado Primero Penal de Antioquia.
Las amenazas y el contexto de violencia narco
El caso de Andrés Escobar se enmarca en la turbulenta Colombia de los años noventa, marcada por el narcotráfico y los paramilitares. Escobar regresó al país pese a advertencias tras su autogol en el Mundial, que generó pérdidas en apuestas ilegales según hipótesis no probadas. Los hermanos Gallón, conocidos como financistas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y vinculados a bloques de los hermanos Castaño entre 2000 y 2004, habrían amenazado al futbolista con frases como aquella que recordaba su arrogancia en el mundo del hampa.
“Usted no sabe con quién se está metiendo”
Hermanos Gallón Henao, en amenaza a Andrés Escobar
Gallón, un apasionado caballista señalado como operador clave en estructuras criminales, parece haber sucumbido a las dinámicas de represalias propias del bajo mundo que lo acogió tras su paso por las cárceles colombianas. Su muerte en México, territorio disputado por carteles, subraya los lazos persistentes con el crimen transnacional.
“los actores intelectuales a los pocos meses ya estaban en las calles”
Santiago Escobar, hermano del futbolista, a Noticias Caracol
Este nuevo capítulo genera malestar público por la impunidad histórica en el caso, con sanciones leves que contrastan con la magnitud del crimen. El Atlético Nacional, en homenaje eterno, instituyó la Orden de Mérito “Andrés Escobar Saldarriaga” y adoptó el número 2 como emblema, simbolizando el legado del jugador que trascendió el fútbol para convertirse en ícono de la resistencia ante la violencia. El asesinato de Gallón no solo cierra un ciclo personal de impunidad, sino que invita a reflexionar sobre las secuelas pendientes de una era oscura en Colombia.















