En Santa Marta, departamento de Magdalena, los delfines Martín y Blue, pertenecientes al Acuario del Centro de Vida Marina, han sido grabados recogiendo desechos plásticos como costales, botellas, bolsas y paquetes del fondo del océano Caribe durante sus salidas diarias al mar abierto. Este video, publicado recientemente en redes sociales, ha desatado una fuerte polémica ética entre los usuarios, quienes cuestionan si estas actividades representan una explotación de los animales en entornos artificiales o un valioso esfuerzo por su rehabilitación y la concienciación ambiental.
El proceso forma parte del programa «A mar abierto», iniciado en 2020, que involucra a 15 delfines adultos rescatados ese mismo año por pescadores tras quedar atrapados en una red fantasma. Durante excursiones diarias de enriquecimiento ambiental junto a sus cuidadores, Martín y Blue interiorizan la conducta de recolectar residuos sin necesidad de recompensas, según expertos del centro. Ángela Dávila, veterinaria responsable del programa, explica que esta terapia busca fortalecer su autonomía para un eventual regreso a la manada silvestre, mientras se sensibiliza sobre la contaminación plástica en el Caribe colombiano.
Personalidades únicas y el desafío de la liberación
Los delfines, víctimas frecuentes de heridas por embarcaciones, redes de pesca o ataques de otros animales, exhiben rasgos distintivos que los cuidadores han observado de cerca. El programa también incluye educación dirigida a comunidades locales, pescadores y turistas, destacando cómo la ecolocalización de estos cetáceos se ve afectada por ruidos de motores, hélices y cuerdas en zonas costeras concurridas.
«Los delfines tienen personalidades y caracteres muy específicos. Martín es el desordenado, el que no le tiene miedo a nada, el que se acerca más a la playa. Blue, en cambio, analiza más, es más tranquilo, como el más maduro.»
Ángela Dávila, veterinaria responsable del programa
La polémica en redes sociales surgió precisamente por estas imágenes, con críticas que oponen la supuesta libertad natural de los delfines frente a su uso en tareas controladas. Sin embargo, el Acuario defiende la iniciativa como un éxito, ya que algunos delfines liberados no regresan al centro, señal de su adaptación exitosa al entorno silvestre.
«Sabemos que en cualquier momento se pueden ir. Uno lo piensa y es duro porque se encariña, pero también sería una satisfacción verlos partir y saber que ya se sienten seguros.»
Ángela Dávila, veterinaria responsable del programa
Este caso pone en el centro del debate la intersección entre conservación marina, rehabilitación animal y responsabilidad humana ante la contaminación plástica, recordando la importancia de programas como este en un mar Caribe cada vez más amenazado por desechos humanos.















