La histórica intervención humanitaria en el camposanto San Vicente de Paúl abre nuevas posibilidades de identificación para familias del Alto Oriente y el Magdalena Caldense.
Es la primera vez que la entidad realiza una acción de este tipo en esta subregión, tras un proceso investigativo que permitió ubicar bóvedas con posibles inhumaciones asociadas al conflicto armado.
En el cementerio San Vicente de Paúl, en el municipio de Pensilvania, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) recuperó diez cuerpos durante una intervención humanitaria que marca un precedente en el Alto Oriente de Caldas.
El procedimiento es resultado de un proceso investigativo adelantado en esta subregión y en el Magdalena Caldense, y representa un avance para familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos desde hace décadas.
La acción es la primera que realiza la UBPD en el Alto Oriente del departamento. A partir del diálogo con familiares y comunidad, así como del análisis de documentos y testimonios, el cementerio fue identificado como un sitio de interés forense por su papel durante los años del conflicto armado.
Antes de iniciar la recuperación, la Unidad efectuó visitas técnicas con apoyo de topógrafos y fotógrafos forenses. Estos recorridos permitieron delimitar los puntos de intervención y ubicar diez bóvedas en distintos bloques del cementerio, información que orientó el trabajo posterior.
Para María Paula Vera, investigadora del equipo Satélite La Dorada, el resultado fue posible gracias al intercambio de información con quienes conocen el territorio. “Aquí fue fundamental escuchar a las familias buscadoras, a las personas que han trabajado en el cementerio y a su administración. Cada una tenía información valiosa y, al unirla con la investigación de la Unidad, fue posible avanzar”, explicó.
El proceso de búsqueda tuvo antecedentes en el corregimiento de Florencia, en Samaná, donde en jornadas comunitarias se recibieron solicitudes de búsqueda y muestras de material genético. Con esos insumos, la UBPD identificó un patrón según el cual personas fallecidas en circunstancias asociadas al conflicto armado en Samaná, el Magdalena y el oriente caldense eran trasladadas hasta Pensilvania para ser inhumadas como cuerpos no identificados.
Juan Carlos Pamplona, quien trabajó durante años como sepulturero del cementerio San Vicente de Paúl, señaló que el conocimiento acumulado sobre el lugar fue determinante para la intervención. “Nosotros conocemos el cementerio, las ubicaciones y las fechas en las que llegaban las personas para ser enterradas. Esa información se trianguló con otras fuentes de información que tenía la Unidad y así se pudo avanzar en la búsqueda”, contó.
Durante varios días, una investigadora, una antropóloga y una criminalista de la UBPD realizaron la recuperación de los diez cuerpos. En cuatro de los casos existe orientación sobre su posible identidad, lo que permitirá avanzar en los procesos técnicos de identificación a cargo del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.
“La planeación fue clave. Tener información previa, ubicar con anticipación los posibles lugares y contar con la presencia de los familiares hizo que el trabajo avanzara de manera cuidadosa y efectiva”, agregó Vera.
Entre los familiares que acompañaron la intervención estuvo María Yolanda Rondón, hermana de una persona dada por desaparecida que, según la investigación, podría estar inhumada en este cementerio. Para ella, la presencia en el proceso representa una forma de contribuir a la identificación.
“Uno como familiar conoce a su ser querido. Yo puedo dar detalles que ayuden a confirmar su identidad. Además, la Unidad me apoyó para poder estar aquí y acompañar este proceso, y eso significa mucho”, expresó.
Los cuerpos recuperados fueron trasladados al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, donde continuará el proceso de identificación. Una vez se establezcan las identidades, la UBPD acompañará a las familias en las entregas dignas y culturalmente pertinentes.















