Sobrino nieto de Pablo Escobar cuenta historia familiar y abre museos en Guatapé, Antioquia

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Daniel Escobar Cadavid, sobrino nieto del fallecido capo del narcotráfico Pablo Escobar, decidió romper con el anonimato a los 32 años para relatar en una entrevista la historia de su familia como unos «relegados» tras la muerte de su pariente el 2 de diciembre de 1993. Hijo de Nicolás Escobar Urquijo y nieto de Roberto Escobar Gaviria, conocido como «el Osito», Daniel, hermano de Nicolás Escobar Cadavid, abrió los museos «La última caleta» en la piedra y el embalse de El Peñol, en Guatapé, Antioquia, donde exhibe elementos familiares sin armas ni apología al crimen, basándose en narraciones transmitidas por sus mayores.

Nacido en España meses antes de la muerte de Pablo Escobar, Daniel creció en un entorno de estricta clandestinidad, marcado por la persecución que sufrió su familia a manos de Los Pepes y carteles rivales después del fin del capo en Medellín. Su madre enfrentó controles exhaustivos y le negaron el ingreso a varios países durante el embarazo, mientras que una tía suya nació sin dedos en pies y manos debido a la exposición recurrente a rayos X por parte de las autoridades. Sus primeros recuerdos incluyen ver a su abuelo saliendo de la cárcel bajo custodia pesada y a la familia escondida constantemente por el riesgo de secuestro y asesinato.

De los refugios al relato público

En su infancia, Daniel encontró un refugio en el jet ski para socializar sin los prejuicios que cargaba su apellido, prohibiéndose cualquier exposición pública que pudiera atraer peligros. Ahora, con los museos, busca narrar la versión familiar de los eventos, incluyendo la tesis de que Pablo Escobar se suicidó, y presentar a sus parientes como víctimas de la guerra entre carteles y Los Pepes, destacando la vida de «los relegados» después de 1993.

Esta iniciativa representa no solo un acto de memoria familiar, sino un esfuerzo por humanizar una saga marcada por el terror y el exilio, permitiendo que objetos cotidianos cuenten la historia de supervivencia sin glorificar la violencia, en un intento por cerrar heridas abiertas hace tres décadas en el corazón de Antioquia.

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