Daniel y Nicolás Escobar Cadavid, sobrinos del legendario narcotraficante Pablo Escobar Gaviria y hijos de Nicolás Escobar Urquijo así como nietos de Roberto Escobar Gaviria, conocido como “el Osito”, han inaugurado dos museos bajo el nombre ‘La última caleta’ en los municipios de El Peñol y Guatapé, Antioquia. Estos espacios exhiben una colección de objetos recuperados de la familia Escobar durante cinco intensos años de búsqueda, con la primera sede ubicada en la emblemática piedra de El Peñol y la segunda en el embalse de la misma región, precisamente frente a lo que fue La Manuela, la hacienda icónica de Pablo, en una propiedad perteneciente a Argemiro Escobar Gaviria.
La recuperación de estos tesoros se logró a través de subastas organizadas por el Estado, y ahora se muestran en un museo de dos pisos junto a una vivienda alquilada, con el objetivo de narrar la verdad sobre la familia Escobar, desmintiendo las historias fantasiosas que cuentan algunos guías turísticos y respondiendo a las críticas políticas que han perseguido su legado. Han pasado 33 años desde la muerte de Pablo Escobar, líder del Cartel de Medellín, y su familia aún lidia con las secuelas de una persecución implacable por parte de enemigos como el grupo Los Pepes.
Objetos que reviven una era controvertida
Entre los artículos en exhibición destacan jet skis, incluyendo la famosa Wetbike que inspiró la de James Bond, una lancha que costó un millón de dólares, vehículos restaurados donde los turistas pueden firmar billetes como souvenir, fotos familiares íntimas, una mesa de billar en la que Pablo Escobar apostó una camioneta contra alias El Mexicano, obras de arte, elementos del criadero de caballos como los restos del semental Terremoto de Manizales —secuestrado y castrado por Los Pepes—, ruanas pertenecientes a Hermilda Gaviria, la madre de Pablo, y hasta botellas de Coca-Cola traídas de sus viajes. La infancia de Daniel y Nicolás se describe como una “jaula de oro”, marcada por lujos extremos pero también por severas restricciones impuestas por la vida en el ojo del huracán.
La piedra de El Peñol, que recibe más de tres millones de visitantes al año y cobra una entrada de 35.000 pesos para ascender sus más de 700 escalones, se convierte así en un punto neurálgico para esta memoria familiar, mientras que la venta de La Manuela por parte del SAE superó los 7.000 millones de pesos. Estos museos gestionados por los sobrinos buscan preservar espacios para honrar su historia, ofreciendo a los visitantes una perspectiva auténtica más allá de los mitos.











