Danilo Chavarro Chavarro, un preso condenado que cumple una sentencia de 16 años, un mes y 15 días de prisión en la cárcel La Picota de Bogotá, confesó públicamente su intento de feminicidio contra su expareja, madre de sus dos hijos, ocurrido el 18 de abril de 2023 alrededor de las 11:00 p.m. en el norte de la capital. El ataque sucedió a la salida de una cantina, justo después de una audiencia judicial en la que recibió una sanción económica por amenazas previas, y fue motivado por celos intensos derivados de una supuesta infidelidad, en medio de una relación de siete años marcada por rupturas constantes y violencia.
Chavarro, quien es 21 años mayor que su víctima, adquirió un revólver por tres millones de pesos al vender equipos de sonido y disparó tres veces contra ella, gritando su nombre antes de los impactos. La mujer sobrevivió gracias a la rápida intervención policial y atención médica, aunque quedó con secuelas permanentes. Este suceso se enmarca en un historial de control excesivo, violencia verbal, acoso con más de 200 mensajes intimidatorios —algunos acompañados de imágenes de armas— y entre 12 y 15 separaciones que duraban desde tres días hasta una semana. Previo al ataque, en Semana Santa de 2023, Chavarro había roto los vidrios de la vivienda de su expareja.
Una relación tóxica desde Boyacá hasta la tragedia
La relación entre Chavarro y su expareja inició en Boyacá, donde convivieron durante siete años; ella lo conoció promocionando la carrera musical de uno de sus hijos de una anterior unión. A pesar de una medida de protección otorgada a la víctima, el patrón de celos y control persistió, culminando en el intento de homicidio. Desde la prisión, Chavarro hizo su confesión en el podcast Conducta Delictiva, detallando su estado mental ese día fatídico.
“Ese día yo salí hecho un demonio… dije: ‘Hoy compro, hoy acabo con esa mujer’”.
Danilo Chavarro Chavarro, preso en La Picota
En la misma entrevista, relató con crudeza el momento del ataque: “Me bajo de ese carro, la llamo por su nombre y le doy tres impactos”. También admitió su obsesión enfermiza, pidiendo a otros que la entregaran porque “en un mes se me va a pasar la tontada”, y reflexionó sobre sus fallas: “Hoy en día reconozco que a ella nunca la exalté como compañera, como esposa… Siempre me escondía”. Sorprendentemente, cuatro meses después del atentado, la víctima lo perdonó durante una visita a la cárcel, y actualmente mantienen contacto telefónico mientras colaboran en iniciativas de prevención de la violencia de género.
Este caso resalta la importancia de romper ciclos de violencia intrafamiliar, donde el control y los celos pueden escalar a extremos letales, y sirve como advertencia para visibilizar estos patrones antes de que sea demasiado tarde.















