Curules de paz en Colombia caen en poder de maquinarias políticas tradicionales

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Las curules de paz en Colombia, diseñadas para garantizar la representación de las víctimas del conflicto armado, han quedado en manos de grupos políticos tradicionales sin vínculos directos con el conflicto, según una investigación revelada por La Silla Vacía. En la última elección bajo este mecanismo surgido del acuerdo entre el Estado y las Farc hace diez años, figuras como Javier López en el Bajo Cauca, Julián Bedoya, exsenador liberal, Karen López, reelecta en Urabá, y Karen Manrique en Arauca, se impusieron gracias al respaldo de maquinarias políticas, campañas financiadas con entre 2.500 y 3.000 millones de pesos —mucho menos que los 10.000 a 15.000 millones de una curul ordinaria— y estrategias como herencias familiares, avales por firmas y adhesiones de última hora. Estas curules, distribuidas en regiones como Arauca, Antioquia con Bajo Cauca y Urabá, Córdoba, Tolima, Catatumbo, Caquetá y Montes de María, vieron cómo al menos la mitad de los electos provenían de estructuras políticas tradicionales, desplazando a las organizaciones de víctimas y perpetuando dinámicas clientelistas.

En el Bajo Cauca antioqueño, Javier López, quien será integrado a los espacios de víctimas a finales de 2025, emergió victorioso con un apoyo que hace cuatro años requería apenas 2.000 votos, pero su candidatura fue impulsada por figuras como su padre Dagoberto López y el grupo de Julián Bedoya. En Urabá, Karen López logró la reelección bajo esquemas similares, mientras que en Arauca, Karen Manrique, quien se encuentra privada de la libertad y enfrenta un juicio ante la Corte Suprema por presunto desfalco en la Unidad de Gestión de Riesgo, vio cómo su esposo reclamaba su credencial. En Caquetá, un congresista heredó la curul a su hijo, y en Montes de María, los barones electorales fueron determinantes, aunque incluso los candidatos derrotados contaron con el apoyo de alcaldías y actores políticos locales.

Voces críticas ante la apropiación política

El periodista Mateo Isaza Giraldo, de El Armadillo, cuestionó esta dinámica al afirmar que el candidato ganador en el Bajo Cauca era un desconocido para las mesas departamentales de víctimas hasta diciembre, con su principal vínculo ligado a figuras políticas como su padre y el grupo de Julián Bedoya. Isaza Giraldo también subrayó que en el Congreso, el voto de un representante de curul de paz vale lo mismo que el de cualquier partido tradicional, lo que resalta la ironía de su captura por estas maquinarias.

“No tengo nada contra el candidato, pero que no se apropie de las curules de las víctimas”

Líder social en Caucasia

Este fenómeno evidencia el fracaso parcial del mecanismo de curules de paz en su propósito original de reparar a las víctimas del conflicto armado, ya que en esta última elección se priorizaron herencias políticas y apoyos clientelistas sobre la genuina representación de las mesas de víctimas, dejando un precedente preocupante para la transición política en Colombia.

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