El comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, Carlos Silva, reveló durante el Consejo de Ministros del 24 de marzo de 2026 que la tripulación del avión Hércules C-130 número 1016, siniestrado en Puerto Leguízamo, Putumayo, poco después de las 9:41 a. m., estaba conformada por once personas, casi el doble de las seis requeridas para su operación normal. El accidente ocurrió cuando la aeronave se precipitó al suelo apenas después de despegar en un trayecto interno que transportaba personal y carga, con 113 militares a bordo como pasajeros. Silva descartó preliminarmente causas como la extensión de la pista o un ataque armado, apuntando las primeras pruebas a un posible fallo técnico, mientras que la tripulación excesiva se justificaba por funciones de entrenamiento.
La aeronave, fabricada en 1983 y adquirida por Colombia en 2020 proveniente de Estados Unidos, había sido sometida recientemente a un mantenimiento mayor con un costo aproximado de tres millones de dólares, proyectando una vida útil adicional de hasta 40 años. La experiencia de la tripulación superaba las 20.000 horas de vuelo acumuladas, destacando al piloto principal, el mayor Fernández, con más de 5.800 horas totales y 900 específicamente en este modelo. Silva, con 39 años en la fuerza, 26 dedicados al vuelo y cerca de 8.000 horas de experiencia en aviones de transporte y ataque, enfatizó la preparación del personal, aunque dejó de volar hace doce años.
Petro critica dependencia de equipos obsoletos
El presidente Gustavo Petro relacionó el siniestro con la operación de aeronaves antiguas, anunciando que no se adquirirán equipos obsoletos y priorizando inversiones en armamento nuevo junto con la fabricación nacional. Lamentó la ruptura de convenios con Brasil, específicamente con Embraer, que hubieran impulsado la producción aeronáutica local. La investigación en curso incluye el análisis de las cajas negras, grabaciones, entrevistas y evaluaciones de factores técnicos, humanos y ambientales, sin descartar nada de manera definitiva, aunque preliminarmente se excluyen errores humanos o causas externas. Los motores serán inspeccionados por los fabricantes.
«Esa es la historia de la tripulación. La tripulación estaba compuesta por once personas, una tripulación bastante voluminosa. En este avión se necesita para, para que opere normalmente, se necesitan, seis personas. Aquí iban once. La Fuerza Aéreo Espacial aprovecha los vuelos para mantener el entrenamiento de su personal.»
Carlos Silva, comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana
«El mayor, Fernández, era el piloto con cinco mil ochocientas horas, esa es su experiencia total de vuelo. En el avión tenía novecientas horas. Para que se hagan una idea, yo llevo treinta y nueve años en la fuerza, de los cuales veintiséis volé continuamente. Tengo cerca de ocho mil horas y ya no vuelo más. Hace doce años dejé de volar. El señor ministro general de la Fuerza Aérea, yo volé aviones de transporte y aviones de ataque.»
Carlos Silva, comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana
Este trágico incidente subraya los desafíos en la dependencia de equipos heredados de Estados Unidos, en medio de un esfuerzo gubernamental por modernizar las capacidades aéreas del país con miras a una mayor autonomía tecnológica.












