Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO
Este no es James: toca y camina. No decide, no influye, no manda. Se diluye. Tampoco Quintero: lento, aislado, con dos pases filtrados como único aporte, sin justificar su presencia.
Carrascal, como alternativa, pero sin acción en el juego, confundido, como todo el equipo.
Síntesis brutal: virtuosos sin futbol, talento invisible, Colombia sin ideas. Sus delanteros sin gol, sin chispa, sin puntería, carne de memes y criticas.
Laterales inactivos, decorativos, rebasados, sin profundidad por las bandas. Frágiles los defensores y un portero inseguro, con dos brillantes atajadas y dos goles inexplicables.
Solo Lucho Díaz, aunque incomodo. Jugó, sin efecto en el resultado, sin apoyos, con tantas vueltas como las de Richard Ríos, que juega para él.
Futbolistas bajos de forma. Suplentes sin ritmo. El técnico sin reacción, a la espera del aporte individual. Siempre lo mismo. Juego por cumplir, por el contrato, nunca por la acción y por la afición.
Se encoge el tiempo, el mundial se acerca, pero la selección cruje. El proceso en entredicho, sin entrar en crisis, el optimismo se resiente.
ante Croacia, poco, en algunos casos, nada. Sin técnica colectiva. Limitada la circulación, con exceso de toques laterales. Posesión inefectiva. No se entendió el partido ni se descifró al rival que, con dos tiros en los palos amenazó con golear.
Y ahora algo mas serio: Mbappé, Dembélé, Ekitiké, Olise Tchouaméni, Gusto y Konaté.
Rival de otra dimensión, favorito para ganar el mundial. ¿Sera otro castigo o será una oportunidad para la reivindicación?










