Guerra en Oriente Medio sacude la economía global y eleva riesgos de inflación

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Un nuevo escenario de tensión internacional amenaza con frenar el crecimiento mundial y presiona al alza los precios de la energía, según advierte el Fondo Monetario Internacional.

La escalada del conflicto en Oriente Medio comienza a reflejarse en la economía global, con efectos directos sobre el crecimiento y la inflación, en medio de un entorno que hasta inicios de 2026 mostraba señales de recuperación.

De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, los mercados han reaccionado con una aparente estabilidad, aunque advierte que esta “resiliencia” podría ser engañosa frente a los riesgos acumulados en el sistema financiero.

El conflicto, que se intensificó tras ataques liderados por Estados Unidos e Israel contra Irán, alteró las previsiones económicas globales, frenando una posible revisión al alza del crecimiento y elevando las expectativas inflacionarias.

Antes de esta crisis, la economía mundial avanzaba impulsada por la inversión tecnológica y condiciones financieras más favorables. Sin embargo, la expansión del conflicto a buena parte de la región cambió el panorama y obligó a ajustar las proyecciones.

El FMI estima que el crecimiento global será menor al previsto para 2026, mientras que la inflación seguirá presionada por el encarecimiento de la energía, un factor clave en el actual contexto.

Inflación al alza y mayor presión sobre economías emergentes

El aumento en los precios de la energía se ha convertido en el principal canal de impacto, elevando tanto la inflación como los rendimientos de la deuda en distintas economías, lo que complica la tarea de los bancos centrales.

Las proyecciones indican que la inflación mundial alcanzaría el 4,4% en 2026, por encima del año anterior, con una moderación prevista hacia 2027, aunque todavía en niveles elevados.

El impacto no es uniforme. Mientras las economías avanzadas muestran mayor estabilidad, los países emergentes enfrentan mayores dificultades, especialmente aquellos dependientes de la importación de materias primas.

A esto se suman riesgos estructurales dentro del sistema financiero, como el alto endeudamiento en sectores no bancarios y la falta de transparencia en el crédito privado, lo que podría amplificar los efectos de la crisis.

El organismo también advierte sobre escenarios más complejos. En un contexto adverso, el crecimiento global podría caer hasta el 2,5%, mientras que la inflación superaría el 5%. En un escenario más severo, incluso podría presentarse una crisis energética de gran escala.

Ante este panorama, el FMI insiste en la necesidad de respuestas coordinadas entre países, así como en la importancia de políticas económicas sólidas y una actuación firme de los bancos centrales para contener los riesgos y estabilizar la economía mundial.

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