En la reciente emisión del programa Deje la joda, transmitido en YouTube, el influencer Nicolás Arrieta lanzó una dura crítica contra el creador de contenido Camilo Cifuentes, a quien acusó de generar «porno miseria» al monetizar videos de ayuda social que exponen a personas vulnerables. Arrieta cuestionó la práctica de Cifuentes, quien ha ganado popularidad con este tipo de contenido, argumentando que se explota económicamente la pobreza mediante la exposición de historias de necesitados con una distribución desigual de los fondos recaudados.
Durante su comentario extenso en el programa, Arrieta destacó las cifras que ilustran el desbalance: mientras los videos de Cifuentes recaudan entre 30 y 40 millones de pesos, los beneficiarios directos reciben apenas 2 millones, dejando la mayor parte de las ganancias en manos del creador. El influencer comparó esta dinámica con «la vendedora de rosas, literalmente», subrayando cómo se sensacionaliza la miseria para beneficio personal, y cuestionó si los espectadores realmente contribuyen más allá de los aplausos virtuales.
El debate sobre la legitimidad de monetizar la pobreza
Arrieta propuso una alternativa clara: entregar la totalidad de las ganancias de estos videos a los beneficiarios, en lugar de retener gran parte por monetización. Este intercambio ha avivado un debate más amplio sobre la ética de lucrarse con la vulnerabilidad ajena, especialmente en plataformas como YouTube y TikTok, donde el contenido de dejelajodacol ha circulado ampliamente.
«generar porno miseria»
Nicolás Arrieta, influencer
«Ay, venga, señor, yo le ayudo. Ay, me da una mazamorra. Ay, nada, afán no tengo»
Nicolás Arrieta, influencer
«monetizan bastante y monetizan duro»
Nicolás Arrieta, influencer
Arrieta remató su intervención con una reflexión incisiva sobre la hipocresía de la audiencia: «¿Cuántos de los que han visto un video de ese Camilo Cifuentes han ido a comprarle a un señor y darle 2 millones? Nunca, ninguno. Ahí todo el mundo: ‘Ay, sí, aplaudimos a él que le dio dos millones al señor’. ¿Y el resto de la plata qué?». Este episodio pone en el centro del debate público la responsabilidad de los creadores de contenido ante la explotación de la pobreza en redes sociales.












