Una investigación revelada por The New York Times ha destapado que oro extraído ilegalmente en minas controladas por el Clan del Golfo en regiones como Caucasia, Antioquia, incluyendo yacimientos como La Mandinga, termina llegando a la Casa de la Moneda de Estados Unidos para ser acuñado en monedas oficiales como las American Eagle o la Dama de la Libertad. Este mineral, financiador clave de las actividades criminales del grupo armado, se exporta en lingotes hacia refinerías estadounidenses como Dillon Gage en Texas y Asahi USA en Salt Lake City, donde se refina y mezcla con oro legal, perdiendo toda trazabilidad antes de ingresar al proceso de acuñación.
En el último año, exportaciones por cientos de millones de dólares en lingotes han seguido este camino, impulsadas por los elevados precios del oro, que alcanzan los 5.000 dólares por onza. El Clan del Golfo ejerce control absoluto en estas zonas mineras, cobrando cuotas mensuales a los mineros locales, mientras el oro ilegal se vende en el mercado doméstico colombiano, se mezcla con material legal por parte de exportadoras, se funde en lingotes y cruza las fronteras hacia Estados Unidos, donde las refinerías lo procesan para suministrar a la Casa de la Moneda.
Una cadena oculta que viola normativas desde 1985
Desde 1985, la legislación estadounidense prohíbe el uso de lingotes con oro extranjero en la producción de monedas oficiales, una norma que esta investigación pone en entredicho mediante documentos y entrevistas que exponen la cadena de suministro completa. Proveedores clave de la Casa de la Moneda obtienen material de Dillon Gage, mientras Asahi USA combina oro proveniente de Colombia con lotes de casas de empeño mexicanas y peruanas, e incluso minas africanas con participación estatal china, diluyendo así cualquier rastro de procedencia ilícita.
“principalmente” de origen estadounidense
Casa de la Moneda de Estados Unidos, en sus comunicaciones
El director ejecutivo de Dillon Gage figura entre los actores implicados en esta red, que no solo blanquea oro sucio sino que sostiene las operaciones del Clan del Golfo y otros grupos armados. Esta revelación subraya las vulnerabilidades en las cadenas globales de suministro del precioso metal y plantea interrogantes sobre los controles en la industria minera y refinadora estadounidense.












