En el marco de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, celebrada a finales de abril en Santa Marta, sindicatos de los sectores minero, petrolero y eléctrico, junto a organizaciones como el Centro de Investigación e Innovación desde los Trabajadores para una Transición Energética (CIPAME), Coomustier, Sintraelecol, el Colectivo de Trabajadores por la Transición Justa y Renova-Acción, advirtieron sobre los efectos de la transición energética en el empleo y exigieron garantías laborales dignas, protección de derechos, reconversión laboral y mayor participación en el debate. Igor Díaz, vocero de CIPAME, lideró estas declaraciones, destacando la necesidad de fortalecer las capacidades de comunicación sindical para no quedar al margen de la discusión.
La transición hacia energías renovables está transformando el tejido laboral en regiones dependientes del carbón, petróleo y gas, como La Guajira, Cesar y Boyacá, donde el carbón se mantiene como el principal mineral exportado según datos de la DIAN entre 2014 y 2024, superando las exportaciones de oro por 1.700 millones de dólares y alcanzando cerca de 6.000 millones de dólares FOB solo en 2024. Proyecciones de Transforma estiman una pérdida acumulada de aproximadamente 24.000 puestos de trabajo en Boyacá para 2035, lo que ha impulsado demandas por una estrategia integral de reconversión, incluyendo formación y comunicación efectiva.
Voces desde los territorios
Los representantes sindicales denunciaron restricciones en tiempos y acceso a espacios de intervención durante la conferencia, subrayando que no se puede definir el futuro energético sin escuchar a quienes han sostenido históricamente el sistema. En Cesar, la Asociación Asoextramicer, integrada por ex trabajadores, impulsa proyectos agroindustriales y energéticos tras el cierre de minas, como ejemplo de las iniciativas que buscan mitigar el impacto, aunque insisten en la urgencia de políticas públicas que garanticen dignidad laboral.
“No nos oponemos a la transición energética, pero no puede hacerse a costa de los trabajadores ni de los territorios que han sostenido este país y este modelo durante décadas”
Igor Díaz, vocero del CIPAME
“Hemos participado en espacios como la COP, pero muchas veces no tenemos voz. Por eso decidimos capacitarnos en comunicación, sumarnos a campañas y aprender a hacer videos y reels. No queremos que nuestra voz se quede por fuera”
Igor Díaz, vocero del CIPAME
Estas exigencias resuenan en un contexto donde el carbón sigue siendo pilar económico, pero la presión global por renovables amenaza miles de empleos, obligando a un equilibrio entre sostenibilidad ambiental y justicia social para evitar que la transición deje atrás a las comunidades que han impulsado el desarrollo nacional durante décadas.
“Si no contamos lo que está pasando en los territorios, otros lo van a contar por nosotros. La transición energética también se juega en quién tiene la voz”
Igor Díaz, vocero del CIPAME
“No se puede definir el futuro energético sin escuchar a quienes han sostenido históricamente este sistema”
Igor Díaz, vocero del CIPAME












