Danilo Andrés Ramírez Barrios, un joven de 17 años conocido como el Rey Momo Infantil del Carnaval de Barranquilla 2024, falleció tras recibir un disparo en el tórax durante un violento altercado por el cobro de una deuda de 180.000 pesos en el barrio Rebolo. El incidente ocurrió el 23 de abril en la calle 20 de ese sector, donde el adolescente, quien estudiaba Diseño de Paneles Solares en el Sena y trabajaba de noche haciendo cobros para apoyar a su familia, se acercó a un cliente con una semana de mora.
Según el relato de Ramón Barrios, tío de la víctima, la discusión escaló rápidamente a golpes y forcejeo, hasta que fueron separados. Cuando Danilo se montaba en su moto para irse, el presunto agresor, Leiner Jhoan Altamar Cabrera de 34 años, ingresó a una vivienda cercana, sacó un arma y le disparó en el tórax. El joven fue llevado a cuidados intensivos, donde luchó por su vida durante cuatro días antes de fallecer, dejando un profundo dolor en su entorno.
Captura del presunto homicida y consternación en la ciudad
Tras el disparo, Altamar Cabrera intentó huir, pero fue reducido por vecinos indignados antes de la llegada de la Policía Metropolitana, quien evitó un linchamiento. El hombre resultó herido y fue trasladado al Nuevo Hospital General de Barranquilla. La Fiscalía lo investiga por homicidio agravado y porte ilegal de armas, mientras la comunidad llora la pérdida de Danilo, miembro del semillero Frente Rojiblanco y la cumbiamba El Mambacazo, cuyo rol en el Carnaval 2024 ha generado una ola de consternación en la ciudad.
“Danilo estudiaba en el Sena Diseño de Paneles Solares y en la noche trabajaba haciendo cobros. Se acercó a hacer un cobro en la calle 20, donde un cliente que tenía una semana que no pagaba; se fueron a las discusiones, a los golpes y fueron separados. Cuando mi sobrino se montó en la moto para irse, el pelao entró a buscar un arma y le disparó”
Ramón Barrios, tío de la víctima
Este trágico suceso resalta los riesgos que enfrentan jóvenes como Danilo en su esfuerzo por salir adelante, y pone en evidencia la necesidad de mecanismos más efectivos para resolver conflictos cotidianos sin recurrir a la violencia en las calles de Barranquilla.












