Las autoridades colombianas lograron incautar 445,9 toneladas de cocaína en 2025, un récord que posiciona al país como el líder continental en decomisos de esta droga, según el informe de InSight Crime, un portal especializado en crimen organizado. Esta cifra representa un aumento del 59,4 por ciento respecto a las 279,7 toneladas confiscadas en 2024, gracias a operaciones coordinadas en puertos como Buenaventura y la costa norte, donde se capturaron 14 toneladas, así como a una colaboración internacional que sumó 633 toneladas en total.
Los esfuerzos incluyeron la interceptación de un narcosubmarino remoto frente a la costa norte en julio de 2025, aunque sin carga de droga, y la destrucción de cultivos y pistas clandestinas. Esta adaptación de las rutas y métodos de los traficantes responde a las intensas interdicciones, mientras Colombia, como principal productor mundial de cocaína, intensificó sus acciones en respuesta a la presión global.
Países vecinos también reportan avances y retrocesos
En Perú, se destruyeron 55,6 toneladas de cocaína, de las cuales el 70 por ciento era pura, junto con 34.200 hectáreas de cultivos erradicados en regiones como Ucayali, Huánuco y Loreto, superando las 26.500 hectáreas de 2024. Bolivia, en contraste, incautó solo 17,1 toneladas, una caída del 62,7 por ciento frente a las 45,9 de 2024, aunque destruyó pistas y laboratorios y renovó su cooperación con la DEA. Ecuador registró 75,9 toneladas en su territorio, menos que las 157,7 del año anterior, pero sumó 124 toneladas en alta mar e internacionales, incluyendo 10 toneladas en octubre en aguas internacionales; Venezuela decomisó 42,6 toneladas, con 15,4 en Zulia, donde la presión desplaza rutas tradicionales.
Desafíos regionales y nuevas tácticas de los narcos
Cerca de la mitad de los países de América Latina y el Caribe incrementaron sus incautaciones en 2025, pero los traficantes han innovado con cocaína líquida, veleros y narcosubmarinos remotos para evadir controles. Estados Unidos incluyó a Colombia y Bolivia en su lista de no cooperantes, mientras Perú y Ecuador enfrentan una escalada de violencia por la expansión de bandas criminales. Estos datos subrayan la complejidad de la lucha antidrogas en la región, donde los decomisos récord coexisten con persistentes desafíos en producción y tránsito.












