En un gesto de protesta simbólica cargado de ironía, el Benfica entregó el premio al mejor jugador del partido al árbitro Gustavo Correia y a todo su equipo arbitral tras el empate 2-2 contra el Famalicão en la jornada 32 de la Primeira Liga, disputado en el Estadio Da Luz de Lisboa. Esta decisión, anunciada mediante un comunicado oficial y materializada en un acto post-partido, implicó retirar el galardón originalmente destinado al delantero Andreas Schjelderup, autor de un gol y una asistencia que habían puesto al Benfica en ventaja por 2-0 junto al tanto de Richard Ríos.
La indignación del club lisboeta surgió de una actuación arbitral calificada como inaceptable, con jugadas polémicas que marcaron el encuentro: en el minuto 30, un penalti a favor del Benfica no fue sancionado inicialmente y solo se concedió tras la intervención del VAR; en el 55, la expulsión de Nicolás Otamendi cambió el rumbo del partido, permitiendo al Famalicão empatar; además, el segundo gol visitante provino de un córner inexistente, y se añadieron 15 minutos de tiempo de descuento que no evitaron el resultado final.
Comunicado oficial y reacciones del presidente Rui Costa
El Benfica justificó esta entrega irónica argumentando que las decisiones del árbitro Gustavo Correia afectaron directamente sus aspiraciones de clasificar a la Champions League, en un cierre de temporada donde el acecho del Sporting de Lisboa pone en riesgo su posición. La imagen del árbitro recibiendo el premio se volvió viral en las redes sociales, generando un amplio debate sin que hasta el momento la federación portuguesa de fútbol haya emitido una respuesta oficial.
«El Benfica ofrece el premio de Hombre del Partido al árbitro Gustavo Correia y al resto del equipo arbitral»
Comunicado oficial del Benfica, citado por Record
«Solo quiero expresar mi indignación y la de todos los aficionados del Benfica por lo que ha pasado aquí hoy»
Rui Costa, presidente del Benfica
Este episodio subraya las tensiones crecientes en la Primeira Liga, donde el Benfica lucha por mantener su puesto en las competiciones europeas ante la presión de sus rivales directos, y resalta cómo las controversias arbitrales pueden trascender el campo de juego para convertirse en un símbolo de descontento generalizado.












