‘Kiko Pobre’ regresa a Medellín tras nueve años de condena en EE.UU.

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Fabio Enrique Ochoa Vasco, conocido en el bajo mundo como ‘Kiko Pobre’ y con 65 años de edad, ha regresado a Medellín después de cumplir nueve años de condena en una prisión de Estados Unidos. El hecho se conoció este lunes 4 de mayo, cuando fuentes cercanas confirmaron su llegada discreta a la ciudad, donde mantiene un perfil bajo tras su deportación. Ochoa Vasco, quien formó parte del Cartel de Medellín en la facción liderada por Fernando Galeano y Gerardo Moncada, fue capturado en Venezuela en 2009, extraditado a territorio norteamericano y liberado recientemente al completar su sentencia.

El regreso de ‘Kiko Pobre’ evoca un capítulo turbulento de los años noventa en el narcotráfico colombiano. Inicialmente aliado de Pablo Escobar, Ochoa Vasco se convirtió en enemigo del capo tras los asesinatos de Galeano y Moncada en 1992, perpetrados por Escobar bajo la sospecha de que ocultaban dinero de la organización. Aquellos eventos marcaron el inicio de su huida, sin que hasta la fecha existan procesos judiciales activos en su contra en Colombia. Su reintegración pasa desapercibida en medio de la agenda electoral que vive el país, alineándose con una tendencia de exnarcotraficantes que optan por vidas discretas al volver.

Retornos similares de figuras del narcotráfico y paramilitarismo

El caso de Ochoa Vasco no es aislado. En diciembre de 2024, Fabio Ochoa Vásquez, hermano de otros conocidos capos, regresó tras 30 años en Estados Unidos y se instaló en Antioquia con un negocio de caballos. Meses después, en marzo de 2025, Carlos Enrique Lehder Rivas, de 75 años, volvió al país después de 33 años preso, moviéndose entre Bogotá y Medellín, con procesos judiciales ya prescritos. Otro ejemplo es Griselda Blanco Restrepo, deportada en 2004 tras cumplir 20 de los 60 años a los que fue sentenciada, quien fue asesinada en Medellín en 2012 a los 69 años. En el ámbito paramilitar, exlíderes de las AUC extraditados en 2008 como Salvatore Mancuso, Rodrigo Tovar Pupo, Hernán Giraldo Serna, Carlos Jiménez Naranjo, Hebert Veloza García y Francisco Zuluaga Lindo han recibido penas inferiores a 30 años, algunas reducidas por colaboración, mientras enfrentan procesos en curso o han obtenido libertades en el marco de acuerdos de paz.

Estos retornos reflejan un patrón en el que antiguos protagonistas del conflicto armado y el narcotráfico buscan anonimato tras décadas de ausencia, en un Colombia que avanza hacia la reconciliación aunque con sombras del pasado aún presentes.

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