Brayan Reyes, exintegrante del temido Tren de Aragua, rompió el silencio desde la cárcel La Picaleña en Tolima durante una entrevista en el videopódcast "Más allá del silencio" conducido por el periodista Rafael Poveda. Allí detalló el escalofriante modus operandi detrás de los asesinatos, embolsados y arrojo de cuerpos en Bogotá, particularmente en la localidad de Kennedy y el barrio Patio Bonito, donde a inicios de agosto de 2024 se hallaron varios cadáveres en estas condiciones macabras.
Según el relato de Reyes, el proceso comenzaba con la identificación y seguimiento del objetivo, que podía ser un deudor, un invasor de territorio o un rival en la disputa por el microtráfico. El secuestro se realizaba mediante engaño, invitando a la víctima a resolver un problema o cuadrar una deuda, o por la fuerza directa, llevándola a una casa de seguridad donde era amarrada y con la boca tapada. Allí sufría torturas brutales para obtener confesiones, seguidas de un asesinato mediante disparos, cuchillo, golpes o asfixia. El cuerpo era luego embolsado en bolsas negras gruesas, a veces desmembrado y amarrado, limpiando rastros con productos químicos por dos o tres personas involucradas. Finalmente, se trasladaba en carros robados o incluso bicitaxis durante la madrugada para dejarlo en lugares visibles como esquinas, parques, cerca de estaciones TransMilenio, entradas de conjuntos residenciales o vías principales.
El propósito del terror
Estas ejecuciones no eran aleatorias, sino un mecanismo para sembrar miedo, imponer disciplina interna y afirmar el control territorial en medio de la expansión del Tren de Aragua por ciudades colombianas. Las autoridades han reconocido la magnitud del problema tras esta revelación inédita, que expone cómo los cuerpos exhibidos servían como marca de presencia en la guerra contra otras bandas.
"El que fallaba no tenía perdón. Aquí no se podía tener piedad"
Brayan Reyes, exintegrante del Tren de Aragua
El impacto en las comunidades era devastador: la población vivía atenazada por el temor, los vendedores pagaban vacunas obligatorias, los rivales abandonaban los barrios y hasta los policías optaban por no intervenir, sabiendo que el embolsado era un aviso claro de las consecuencias por meterse.
"Las órdenes venían de arriba y no había preguntas. Si te decían que había que desaparecer a alguien, se hacía. Si dudabas, si te costaba, al otro día podías ser tú el embolsado"
Brayan Reyes, exintegrante del Tren de Aragua
"No siempre era a la fuerza. Muchos iban pensando que iban a resolver un problema, a cuadrar una deuda, y terminaban en una casa de seguridad, amarrados, con la boca tapada"
Brayan Reyes, exintegrante del Tren de Aragua
La brutalidad era intencional: cuanto más salvaje el crimen, con señales de tortura, cortes o la cara destrozada, mayor el mensaje de que nadie estaba a salvo y no había límites. Reyes reflexiona hoy con arrepentimiento sobre su participación en esta espiral de violencia.
"Entre más brutal, más miedo. Si el embolsado aparecía con señales de tortura, con cortes, con la cara destrozada, era para que los demás supieran que nadie estaba a salvo, que no había límites"
Brayan Reyes, exintegrante del Tren de Aragua
"La gente no denunciaba, los vendedores pagaban la vacuna, los rivales se iban del barrio. Los policías sabían que era mejor no meterse. El embolsado era un aviso: si te metes, te pasa igual"
Brayan Reyes, exintegrante del Tren de Aragua
En un cierre cargado de remordimiento, el exdelincuente advierte sobre las secuelas irreversibles de esta vida criminal, que deja solo muerte, cárcel y miedo eterno. "Uno cree que tiene poder, que es invencible, pero lo único que deja esto es muerte, cárcel y miedo. Yo participé en cosas que no me dejan dormir. Si pudiera devolver el tiempo, no lo haría. Por eso hablo, para que otros no repitan lo mismo", concluye Reyes, en un testimonio que podría ayudar a desmantelar estas redes de terror en Colombia.











