Familias colombianas han comenzado a recortar drásticamente cinco gastos principales para sobrellevar la inflación anual que alcanzó el 5,68 por ciento, según el último dato del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril reportado por el Dane. Estos ajustes se centran en comidas fuera de casa y domicilios, frutas, papas, huevos y carne, transporte y gasolina, arriendo, administración y servicios públicos, así como compras para el hogar y créditos, impulsados por microdecisiones diarias como comparar precios, planificar trayectos y revisar consumos. Olga Tapias, socia de Russell Bedford Bogotá y autora del informe que analiza estos comportamientos, destaca que esta tendencia se acentúa en ciudades como Bogotá, donde la presión inflacionaria acumulada del 3,87 por ciento en lo que va del año, junto con una tasa de política monetaria del Banco de la República en 11,25 por ciento, obliga a priorizar lo esencial, respaldado por datos de la Superfinanciera.
El IPC de abril registró un aumento del 0,78 por ciento mensual, superando el 5,16 por ciento anual del año anterior, con rubros clave disparándose: restaurantes y hoteles acumulan un 9,61 por ciento anual y 5,95 por ciento de enero a abril, donde un almuerzo en Bogotá oscila entre 14.000 y 18.000 pesos, llegando hasta 25.000 en algunos casos. Los alimentos subieron un 6,71 por ciento anual, con frutas al 5,52 por ciento en abril, papas al 8,05 por ciento, huevos al 3,92 por ciento y carne de res al 1,68 por ciento, mientras que en el acumulado del año las papas escalaron un 36,51 por ciento y las frutas un 20,97 por ciento. El transporte urbano creció 0,81 por ciento en abril y 10,29 por ciento acumulado, con combustibles al 2,48 por ciento; el alojamiento un 4,11 por ciento anual, impulsado por arriendos al 0,61 por ciento, copropiedades al 3,82 por ciento y gas al 2,13 por ciento en abril; y muebles y hogar un 1,06 por ciento mensual con 5,79 por ciento anual, en un contexto de intereses bancarios al 18,78 por ciento y tasas de usura al 28,17 por ciento.
Impacto en las rutinas diarias y estrategias de ajuste
Las ventas en el comercio minorista crecieron en febrero, pero los consumidores se muestran más cautos, priorizando compras pequeñas y rutinas diarias que la inflación presiona directamente sobre los presupuestos familiares. Tapias explica que cuando alimentos, vivienda y transporte suben simultáneamente, las personas no limitan el ajuste a un solo gasto, sino que incorporan microdecisiones cotidianas que transforman el IPC de un mero dato técnico en un cambio de rutina.
“Cuando alimentos, vivienda y transporte suben al mismo tiempo como lo mostró el último dato de la inflación, las personas no ajustan un solo gasto, además empiezan a tomar microdecisiones todos los días. Ahí es donde el IPC cambia la rutina y deja de ser solo un dato técnico”
Olga Tapias, socia Russell Bedford Bogotá y autora del informe
Entre las recomendaciones para enfrentar estos recortes, se sugiere elaborar presupuestos semanales para comidas fuera, comprar en granel o temporada para frutas, papas, huevos y carne, agrupar diligencias para ahorrar en transporte y gasolina, negociar arriendos y servicios, y aplazar compras no urgentes para el hogar evitando créditos costosos. Un error frecuente, según la experta, es enfocarse solo en el precio unitario sin considerar la frecuencia, ya que un gasto de 15.000 pesos repetido varias veces por semana pesa más que una compra grande aislada.
“El error más común es mirar solo el precio y no la frecuencia. Un gasto de $15.000 puede parecer menor, pero si se repite varias veces por semana termina pesando más que una compra grande”
Olga Tapias, socia Russell Bedford Bogotá
En este escenario, la clave radica en proteger lo esencial como alimentación, vivienda, transporte y obligaciones, dejando de lado lo aplazable sin recurrir a financiamiento oneroso, lo que permite a las familias colombianas navegar la inflación con mayor resiliencia en un contexto de presiones económicas persistentes.
“La recomendación no es recortar por recortar, sino proteger lo esencial: alimentación, vivienda, transporte y obligaciones. Lo aplazable no debería financiarse con crédito costoso”
Olga Tapias, socia Russell Bedford Bogotá












