Periodista Gustavo Álvarez Gardeazábal denuncia intimidación policial en finca El Porce, Tuluá

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El reconocido escritor, periodista, historiador y político colombiano Gustavo Álvarez Gardeazábal denunció que una patrulla de la Policía Nacional lo intimidó en su finca El Porce, ubicada en Tuluá, Valle del Cauca, el pasado lunes 11 de mayo, sin presentar orden judicial alguna. Según su relato, los agentes llegaron en motos y carros, vestidos con uniformes identificados como de Carabineros, e intentaron ingresar al predio, lo que generó un enfrentamiento verbal desde la rejilla de seguridad.

Álvarez Gardeazábal vinculó este incidente a una crónica que publicó recientemente sobre el juicio contra el periodista provinciano Mateo Pérez, describiéndolo como un proceso similar a los métodos chinos. El subintendente Taborda se identificó como comandante de la patrulla, manifestando que acataba órdenes del coronel Bustamante, actual comandante de Carabineros, ahora conocido como Icar. La Policía Nacional no se pronunció oficialmente hasta la mañana siguiente, lo que ha generado reacciones sobre la libertad de prensa en el país.

Antecedentes de amenazas y medidas de protección

Este episodio se produce en un contexto de amenazas previas contra el periodista, que incluyen atentados con granadas y armas de fuego, lo que lo llevó a instalar una puerta blindada en su finca. Los hechos ocurrieron pocos días después del crimen contra el periodista Mateo Pérez. En la propiedad, Álvarez Gardeazábal cuenta con una protección natural compuesta por cerca de dos centenares de gansos, una docena de gatos y perros, rechazando cualquier tipo de escoltas o vigilancia impuesta por el Estado.

«Me visitó una patrulla en motos, carros y uniformes de la Policía Nacional, que dijo ser de los Carabineros».

Gustavo Álvarez Gardeazábal, periodista

«No la tenían, por supuesto».

Gustavo Álvarez Gardeazábal, refiriéndose a la orden judicial

En sus declaraciones, el periodista expresó con firmeza su posición: «Parece ser que mi crónica de ayer, donde denunciaba el juicio a lo chino del periodista provinciano Mateo Pérez, les hurgó las verijas a los verdaderos dueños del poder en Colombia». Aseguró además: «Estoy vivo y no tengo miedo. No cesaré en mi crítica al descalabro de la paz total ni a los robagallinas que Petro ha permitido que lo rodeen». Rechazó de plano cualquier medida de seguridad oficial, afirmando: «Aspiro a que ahora, luego de este frustrado intento de acallarme, no me vayan a mandar escoltas ni seguridades. No las acepto». Finalmente, reiteró su compromiso: «Seguiré defendiendo la opinión libre y lo que creo debe ser el futuro de una patria que no voy a abandonar».

Este caso pone en el centro del debate la protección a los periodistas en Colombia y las posibles represalias por sus investigaciones, en un momento en que la libertad de expresión enfrenta crecientes desafíos.

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