Gobierno planea sacrificar 80 hipopótamos en Doradal, Puerto Triunfo

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Las autoridades colombianas anunciaron en abril un controvertido plan financiado con dos millones de dólares para sacrificar unos 80 hipopótamos descendientes de los traídos por Pablo Escobar, declarados especie invasora en la región de Doradal, a orillas del río Magdalena y cerca de la Hacienda Nápoles. El gobierno busca controlar una población actual de alrededor de 200 ejemplares, que podría superar los mil en 2035 si no se interviene, mediante métodos como inyección química letal o disparo directo entre los ojos seguido de entierro en el lugar, mientras evalúan reubicar al resto para mitigar la amenaza al ecosistema local, donde estos animales de hasta 1300 kilos carecen de depredadores naturales.

El plan, que podría implementarse este año en la extensa finca de 2000 hectáreas de Hacienda Nápoles y las aguas del río Magdalena de 1600 kilómetros, ha dividido profundamente a la opinión pública en Doradal. Estos hipopótamos, originarios de cuatro ejemplares importados por el narcotraficante en la década de 1980, escaparon tras su muerte en 1993, reproduciéndose sin control y afectando la pesca, las especies autóctonas como manatíes y capibaras, y generando riesgos crecientes de accidentes, como el herido a un campesino en 2020 o un choque vehicular en 2023.

Los orígenes en la Hacienda Nápoles y los intentos fallidos

Tras declarar a los hipopótamos como especie invasora en 2022, el gobierno colombiano optó por este sacrificio masivo después de intentos previos infructuosos, como la eutanasia en 2009 del macho conocido como «Pepe», que desató indignación pública, o complejas castraciones que demandan de seis a ocho horas y hasta ocho personas por animal. Hacienda Nápoles, hoy convertida en un parque temático privado con dos hipopótamos cautivos llamados Paco y Juaco, fue el hogar original bajo el cuidado de José Conrado Montoya Toro, hoy de 85 años. El biólogo David Echeverri, funcionario de medio ambiente, ha estado involucrado en estas gestiones, destacando la expansión de la especie río arriba por el Magdalena.

Voces divididas en Doradal

La comunidad local refleja el dilema: mientras algunos ven en los hipopótamos un motor turístico, otros sufren sus impactos directos en la vida cotidiana. Katherine Corrales, experta en especies invasoras de la agencia gubernamental de medio ambiente en Boyacá, advierte sobre los peligros crecientes.

“A medida que avanza la invasión de hipopótamos, va a haber más probabilidades de accidentes”

Katherine Corrales, experta en especies invasoras

“En el mundo no hay un animal invasor que sea tan grande”

Katherine Corrales, experta en especies invasoras

El pescador Giovanny Contreras, de 48 años, expresa el malestar de quienes dependen del río.

“A nosotros nos cambió el estilo de vida”

Giovanny Contreras, pescador

“Por qué en lugar de pensar tanto en la vida de sus animales, ¿por qué no piensan en el sufrimiento que ahora tiene el pescador, el pobre que vive a la orilla del río?”

Giovanny Contreras, pescador de 48 años

Samy Castaño, residente de 35 años en Doradal, captura la tensión interna entre conservación y empatía.

“Siento una división personal porque soy consciente de que, o eliminarlos o moverlos”

Samy Castaño, residente de 35 años en Doradal

“Pero también son solo animales, animales que no tienen la culpa por las decisiones de Pablo Escobar”

Samy Castaño, residente de 35 años en Doradal

Este plan no solo enfrenta a defensores de animales contra conservacionistas, sino que pone a prueba el equilibrio entre el legado exótico de Escobar y la sostenibilidad del ecosistema colombiano, con Doradal en el centro del debate nacional.

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