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El Once fuera de lugar

Maldito penalti. El futbol cínico. La tiranía del mérito.

Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO

Voló bajo, Dayro, el goleador. No era él, estaba su sombra. Se desinfló. No gritó el gol que el público esperaba, el que merecía todas metáforas.

Falló, cuando menos se esperaba. Le dio transcendencia al Junior con su clasificación.

Se equivocó en el epílogo del juego, cuando más duele. Como lo hizo antes, dentro del área, cuando negó dos veces asistencias prometedoras a sus compañeros. O cuando insistió en buscar la red, sin la fortaleza en sus pies.

Lapidario el resultado. Silveira, el portero, el aguafiestas. Intuyó el camino del balón. Como lo hacía Sebastián Viera, ante el Once, en situaciones similares.

Otra eliminación. Son tantas ya.

Fue una noche de nerviosa esperanza, pero llena de equivocaciones. El Once jugó mejor. Pero Junior aprovechó los errores no forzados para los dos goles que sellaron su paso a la semifinal.

En el Blanco pifias repetidas, voleas al aire, anticipos del rival y goles como castigo por la terquedad de jugar en inferioridad.

Ni Zapata, ni Riquett, ni Patiño. Estaban, pero no estaban. Por eso llegó la noche y se tragó el sueño.

Suele ocurrir. En la boca del horno se quema el pan. Y no me hablen de los árbitros.

Prefiero hacerlo de la incapacidad para manejar el resultado, de los inconvenientes técnicos para hacer productivo el balón. De los desaciertos defensivos. De la tardanza en los relevos y la tozudez para encarar un gran desafío con jugadores sin nivel.

En el postre se aguó la fiesta, por el cobro ruin. Cuando el diablo metió la cola en un pacto oculto con el ganador.

Le cuesta al Once jugar bajo presion. Desciende a los infiernos, camina mucho tiempo al borde del abismo.

Descalabro o tragedia. Efecto rebote que afecta a los jugadores y, especialmente, a su entrenador.

Por las justificaciones como disfraz. Porque simplemente se perdió… y punto… Equivale a volver a empezar. A mitad de camino, otra vez. Esteban J.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

Foto: @oncecaldasoficial

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