La reconocida oftalmóloga pediatra María del Pilar Echeverri, con práctica en la Clínica de Oftalmología de Cali, ha identificado siete problemas visuales silenciosos que afectan a los niños y que, por su naturaleza, suelen pasar completamente desapercibidos para padres y profesores. En un contexto donde el uso de pantallas ha aumentado drásticamente en la última década, impactando la salud infantil, la especialista reveló lo que denomina los “fantasmas” de la visión: afecciones que, por no presentar síntomas evidentes, pueden confundirse con simple distracción o con “mañas” de los menores, retrasando su diagnóstico y tratamiento. La advertencia es crucial ya que, según sus propias palabras, “si un problema visual no se detecta a tiempo, puede marcar la visión de un niño para toda la vida, pero si actuamos temprano, podemos cambiar completamente su desarrollo visual”.
Las cifras en Colombia y el mundo son contundentes y obligan a prestar atención. Según datos de la Academia Americana de Oftalmología, el 2% de los niños en el mundo padece ambliopía, conocida como ojo perezoso. En el país, uno de cada cuatro menores en edad escolar necesita corrección visual. A nivel oncológico, un estudio de la Universidad de Antioquia reporta entre 25 y 35 casos nuevos al año de retinoblastoma, principalmente en niños menores de cinco años. Además, hasta el 50% de los bebés pueden presentar astigmatismo durante su primer año de vida, mientras que entre el 5% y el 10% de los menores sufren de alergias oculares. Estos siete “fantasmas” son ambliopía, retinoblastoma, miopía, hipermetropía, astigmatismo, estrabismo y alergias oculares.
Los signos de alarma y la necesidad de un diagnóstico temprano
La doctora Echeverri detalló que cada uno de estos problemas actúa de forma distinta, pero todos comparten la capacidad de pasar inadvertidos. En la ambliopía, por ejemplo, un niño puede ver el celular o jugar y parecer que todo está bien, pero podría estar desarrollando su visión solo con un ojo. El retinoblastoma es un cáncer intraocular infantil asintomático en sus primeras etapas. La miopía se manifiesta cuando los niños se acercan mucho a las pantallas o entrecierran los ojos para ver de lejos, mientras que la hipermetropía provoca visión borrosa de cerca y hace que los pequeños sean catalogados como distraídos. El astigmatismo causa fatiga ocular y visión distorsionada tanto de cerca como de lejos, el estrabismo se manifiesta en la desalineación de los ojos y las alergias oculares se exacerban por el contacto con químicos como bloqueadores y lociones. Para alertar a los cuidadores, la especialista enumeró señales que no deben ignorarse: ojeras persistentes, guiños frecuentes, lagrimeo constante, acercarse excesivamente a los objetos, desviación ocular, parpadeo excesivo, fotofobia y dolores de cabeza recurrentes.
«Un niño puede ver el celular, jugar o reconocer objetos cercanos y parecer que todo está bien, pero podría estar desarrollando su visión solo con un ojo o no desarrollarla correctamente»
María del Pilar Echeverri, Oftalmóloga Pediatra
El alto consumo de pantallas es un factor de riesgo ineludible en la actualidad. La doctora fue enfática al señalar que “el niño tiene que crecer en el mundo en el que estamos, con la tecnología. El reto está en el uso adecuado, en la distancia correcta a la que deben verse estos aparatos y de hacer las pausas visuales recomendadas”. En este sentido, recomendó mantener una distancia mínima de 30 centímetros, realizar pausas cada 30 minutos cerrando los ojos por 30 segundos o mirando objetos lejanos a dos metros, y evitar el uso de pantallas en la oscuridad total. Asimismo, advirtió sobre los peligros de los químicos cerca de los ojos de los niños: “El problema es que el químico llega al ojo del niño, él se rasca y al rascarse adelgaza la córnea. Eso puede terminar en un queratocono, que ya es un problema mucho más serio”.
Un protocolo de chequeos que puede cambiar una vida
Frente al evidente incremento de casos de miopía, astigmatismo, estrabismo y alergias oculares en la última década, la doctora Echeverri insiste en que la prevención es la herramienta más poderosa. El protocolo que recomienda es claro: el primer chequeo oftalmológico debe realizarse antes del mes de vida del bebé, el segundo a los seis meses y, a partir de ahí, de forma anual. Más allá de las revisiones clínicas, la especialista subraya la importancia de fomentar hábitos saludables en casa, como jugar al aire libre, aprovechar la luz natural y mantener una alimentación balanceada. La invitación final de la doctora es un llamado a la acción para padres y educadores: prestar atención a las señales y no descartar que un aparente “mal comportamiento” en clase o en casa pueda ser, en realidad, el grito silencioso de un problema visual que, si se atiende a tiempo, puede tener una solución completa y cambiar el futuro visual del niño.












