El expresidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez lanzó una fuerte advertencia desde su cuenta en la red social X sobre lo que considera una amenaza para la democracia: el uso de influenciadores políticos pagados por campañas electorales. En su mensaje, Uribe señaló directamente a Santiago Giraldo, creador de contenido político cercano a la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella, y a otros similares que, según el exmandatario, “posan de asesores de Milei, creen que calumniar es válido” y terminan destruyendo los cimientos democráticos. La publicación se enmarca en el creciente debate sobre el rol de estos actores digitales en las estrategias electorales de cara a las presidenciales de 2026.
Uribe no se limitó a una crítica general: mencionó explícitamente a Santiago Giraldo, quien ha difundido contenidos sobre sectores de derecha y el llamado “petrouribismo”, vinculándolo a la campaña de De la Espriella. El expresidente cuestionó la práctica de pagar a influenciadores para amplificar mensajes y atacar adversarios, advirtiendo que esto erosiona la calidad del debate público. El mensaje de Uribe se suma a una discusión que trasciende fronteras ideológicas, pues el fenómeno abarca desde seguidores del Pacto Histórico hasta figuras de derecha y centro.
Millonaria inversión en pauta digital y el rol de los creadores de contenido
Según información revelada por el medio El Expediente, entre enero y marzo de 2026 las campañas presidenciales destinaron 2.716 millones de pesos a pauta digital. Parte significativa de esos recursos fueron a parar a influenciadores encargados de viralizar mensajes y desacreditar a rivales. Este dato contextualiza la preocupación de Uribe, quien ve en esa práctica una amenaza directa a la transparencia electoral. Pero el fenómeno no es exclusivo de la derecha: Iván Cepeda, del Pacto Histórico, también impulsa su mensaje a través de redes de apoyo e influenciadores. Mientras tanto, figuras como Yeferson Cossio, con más de 12 millones de seguidores en Instagram, anunciaron su apoyo público a la campaña de Paloma Valencia, mientras que Laura Daniela Beltrán (“Lalis”) habría tenido contratos con entidades estatales mientras difundía contenidos favorables al Gobierno de Gustavo Petro.
El cruce con el ministro Benedetti y la campaña de De la Espriella
La polémica se intensificó después de que el 5 de mayo de 2026 seguidores de la campaña de Abelardo de la Espriella promovieran en WhatsApp una solicitud al procurador para suspender al ministro del Interior, Armando Benedetti, basándose en supuestos acercamientos de Benedetti a la campaña de Paloma Valencia. En respuesta, activistas acusaron a Benedetti de amenazarlos. El ministro replicó con un mensaje en el que afirmó: “Cuidado y se jode esto. Cuidado y la muerte gana”. Según La Silla Vacía, los influenciadores señalaron que Benedetti los había amenazado. La campaña de De la Espriella pidió investigaciones a la Fiscalía y la Procuraduría por estas amenazas, aunque luego moderó el tono. Este episodio refleja la creciente tensión entre el poder político tradicional y los nuevos actores digitales que buscan incidir en la opinión pública.
“Posan de asesores de Milei, creen que calumniar es válido”
Álvaro Uribe Vélez, expresidente de Colombia, en su cuenta de X
El debate sobre el papel de los influenciadores en las campañas electorales está lejos de cerrarse. Mientras unos los ven como herramientas legítimas de comunicación política, otros advierten que su uso sin control puede derivar en desinformación y ataques personales. Con las presidenciales de 2026 en el horizonte, la pregunta que queda flotando es si la democracia colombiana está preparada para convivir con este nuevo ecosistema digital sin que se degrade el debate público.












