Un agente encubierto de la Policía Metropolitana de Bogotá logró infiltrarse durante ocho meses en la banda delincuencial ‘Los Olivares’, una organización dedicada al microtráfico que operaba en el suroriente de la capital y que utilizaba a menores de edad —incluso hijos de sus propios integrantes— como correos y campaneros para el expendio de drogas. La operación, que culminó con la captura de ocho personas y la incautación de importantes cantidades de marihuana, cocaína y bazuco, fue revelada en una rueda de prensa encabezada por el coronel Jhon Zambrano, comandante encargado de la Mebog, quien destacó el trabajo de inteligencia realizado para desarticular esta estructura que tenía su radio de acción en las localidades de Usme y Santa Fe.
Los menores, que recibían pequeñas cantidades de estupefacientes para vender u ocultar, eran instruidos por los adultos sobre cómo actuar ante la presencia policial, cómo esconder la mercancía en sitios previamente acordados y cómo captar nuevos clientes. “Ellos sabían que si la Policía llegaba y encontraba la droga en manos de los menores, el proceso era diferente, por eso los utilizaban para mover el producto de un punto a otro dentro del mismo barrio”, explicó el agente encubierto, cuya identidad se mantiene bajo reserva. El funcionario, que se hizo pasar por habitante de calle y consumidor portando una pipa en la mano, logró ganarse la confianza de los cabecillas y recopilar las pruebas necesarias para que la Fiscalía judicializara a los ocho capturados, entre ellos alias Pepa y Vanesa, señaladas como administradoras de la zona, y alias Flaco, Tato, Andrés y El Mono, quienes actuaban como expendedores.
Una red que explotaba a niños para evadir la ley
La modalidad criminal era sistemática y cruel. Los adultos delegaban a los menores la tarea de mover la droga de un punto a otro dentro del mismo barrio, aprovechando que, si la Policía realizaba allanamientos, los niños podían deshacerse rápidamente del producto o esconderlo en lugares establecidos por la banda. “En ocasiones, los pequeños recibían pagos simbólicos o recompensas para motivarlos a seguir participando en la actividad ilícita”, detalló el agente encubierto. La organización operaba en los barrios Santa Librada, La Andrea, Yomasa, La Cabaña, Puerta al Llano y Olivares, y contaba con centros de acopio en los barrios Compostela y Olivares, donde se dosificaba marihuana, bazuco y base de coca. El transporte de los estupefacientes se realizaba desde la localidad de Santa Fe, en el centro de Bogotá, hasta Usme, utilizando taxis y buses del Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp) para evadir los controles. “Este grupo delincuencial transportaba los estupefacientes desde la localidad de Santa Fe hasta Usme, utilizando taxis y buses del Sitp para evadir los controles policiales”, confirmó el coronel Jhon Zambrano.
“Hubo momentos en los que me sentí descubierto, porque la desconfianza dentro de la organización era alta. Sin embargo, logré ganar la confianza de los cabecillas y recopilar las pruebas necesarias para que la Fiscalía pudiera judicializarlos”.
Agente encubierto de la Policía Metropolitana de Bogotá (Mebog)
La coordinación de la venta de drogas se realizaba mediante líneas telefónicas, mensajería de texto y redes sociales, lo que permitía a la banda mantenerse en operación mientras explotaba a los menores. Los ocho meses de seguimiento y trabajo de inteligencia permitieron identificar plenamente a los integrantes de la organización y documentar cada eslabón de la cadena criminal. Una vez desarticulada la red, los menores identificados quedaron bajo el cuidado del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), que inició un proceso de evaluación y acompañamiento psicológico para mitigar el daño causado por su exposición al delito.
Un llamado a la comunidad para evitar la instrumentalización de la infancia
El agente encubierto, que durante su infiltración enfrentó momentos de alto riesgo al sentirse descubierto por la desconfianza interna de la banda, subrayó que el objetivo de la operación no solo era capturar a los delincuentes, sino también atacar las causas sociales y económicas que llevan a las familias a involucrar a sus hijos en estas actividades. “No se trata solo de capturar a los delincuentes, sino de atacar las causas sociales y económicas que llevan a las familias a involucrar a sus hijos en estas actividades”, afirmó. Además, destacó el papel clave de la comunidad en el éxito de la operación: “La información de la comunidad fue fundamental para lograr esta operación. Invitamos a los bogotanos a seguir denunciando y a no ser indiferentes ante la utilización de niños y jóvenes para el delito”. La Fiscalía judicializó a los capturados con las pruebas recopiladas durante la infiltración, mientras las autoridades reiteraron su compromiso de perseguir a las organizaciones que instrumentalizan a menores para fines ilícitos, un agravante que constituye una grave violación de los derechos de la infancia.












