La campaña presidencial colombiana de 2026 se enfrenta a un desafío democrático sin precedentes, según un análisis académico de la Universidad de La Sabana: la inteligencia artificial, lejos de ser una herramienta neutra, se ha convertido en un acelerador de la confrontación política que amenaza con degradar la deliberación pública. El informe, elaborado por Juan Cárdenas, profesor asociado e investigador de la Facultad de Comunicación y director del Observatorio de Medios de la Universidad de La Sabana, advierte que el uso de la IA en la contienda electoral está intensificando tres fenómenos que erosionan la base del voto informado: la hiperemocionalización, la hipercirculación informativa y la hipersimbolización electoral.
El análisis, publicado durante el desarrollo de la campaña, señala que la inteligencia artificial ha entrado en la arena política como un nuevo acelerador de la confrontación, permitiendo segmentar mensajes, producir contenido masivo y personalizado, y explotar emociones a una escala nunca antes vista. La lógica de viralidad y reacción inmediata que domina las campañas prioriza la atención sobre la argumentación, y la IA se utiliza como un motor para intensificar este desorden. Cárdenas plantea una pregunta central para la democracia: «La cuestión democrática central es para qué la usan. ¿La usan para explicar mejor sus propuestas o para producir fantasías visuales? ¿Para facilitar el contraste ciudadano o para saturar la agenda?».
Los tres fenómenos que distorsionan el debate
El primero de ellos, la hiperemocionalización, implica una apelación desmedida a emociones negativas como el miedo, la rabia y la indignación. Aunque la emoción es un componente legítimo de la política, el análisis advierte que su uso mediante IA la convierte en el principal motivante de la decisión electoral, desplazando la reflexión y el análisis de propuestas. El segundo fenómeno, la hipercirculación, no significa que los ciudadanos tengan más información, sino que se enfrentan a un exceso desordenado de estímulos que los agota y desorienta, dificultando la capacidad de distinguir lo relevante de lo superfluo. Finalmente, la hipersimbolización se refiere a la producción masiva de símbolos que no condensan ideología, sino atmósferas emocionales como fuerza, miedo, orgullo, amenaza, victoria o redención, vaciando el debate de contenido sustantivo.
Las herramientas de IA, desde TikTok hasta la producción de videos artificiales y estrategias digitales, ocupan un lugar creciente en la disputa por la atención pública. Si bien el académico reconoce que la inteligencia artificial puede tener usos positivos, como comparar programas de gobierno, verificar afirmaciones o resumir debates, advierte que en manos de campañas obsesionadas con la visibilidad se convierte en una tecnología de intensificación del desorden. El riesgo, según Cárdenas, va más allá de la simple desinformación.
«El riesgo no es solo que nos engañen con una imagen falsa. El riesgo es que, incluso frente a contenidos técnicamente ‘verdaderos’, terminemos votando en medio de una atmósfera artificialmente producida, emocionalmente saturada y políticamente empobrecida.»
Juan Cárdenas, profesor asociado e investigador de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
El análisis concluye que el voto informado, piedra angular de la democracia, depende no solo de la voluntad del ciudadano sino de su capacidad para resistir una maquinaria comunicativa diseñada para emocionarlo, saturarlo y distraerlo. En un escenario donde la IA acelera la confrontación y empobrece el debate, la pregunta que queda en el aire es si los colombianos podrán ejercer un voto reflexivo en medio de una atmósfera artificialmente producida.












