En la recta final de la campaña presidencial colombiana, con la primera vuelta programada para el 31 de mayo, un aspecto tan sutil como revelador se ha convertido en objeto de análisis: la vestimenta de los candidatos. Iván Cepeda, del Pacto Histórico; Paloma Valencia, del Centro Democrático, y Abelardo de la Espriella, de la derecha, no solo compiten con propuestas y discursos, sino que cada prenda que eligen comunica mensajes políticos deliberados, según coinciden expertos en comunicación política y moda consultados por Infobae Colombia. La ropa, lejos de ser un accesorio casual, se ha transformado en una herramienta de campaña equiparable a cualquier declaración pública.
El periodista y experto en moda Juan Carlos Giraldo sintetiza la idea central al afirmar que “cada uno de ellos comunica exactamente lo que quiere comunicar”. Esta comunicación no verbal, explica la diseñadora Lays Balli, es la primera interacción con el electorado: “La ropa y los colores que elegimos son la primera interacción que tenemos, es comunicación no verbal y ya nuestros interlocutores pueden formarse una idea acerca de nuestras preferencias”. Así, las elecciones de vestuario de los tres aspirantes revelan estrategias contrastantes que buscan conectar con segmentos específicos del electorado.
Iván Cepeda: la austeridad como mensaje
El candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, ha optado por un estilo que rechaza los símbolos tradicionales del poder. Prescinde de la corbata y utiliza camisas de cuello mao, también conocido como cuello nerú, en tonalidades claras, especialmente blanco. Según Juan Carlos Giraldo, esta elección busca proyectar “su igualdad con el pueblo, que viene del pueblo y que es para el pueblo, no usa corbata porque es ofensiva para él y para su corriente política”. Giraldo destaca que la decisión de Cepeda es deliberada y coherente: “Siempre muy de tú a tú con la gente, es muy pensado (su elección de vestuario)”. La diseñadora Lays Balli agrega un dato histórico significativo: el cuello mao “fue constantemente usado por los funcionarios del gobierno de Mao Tse-Tung, a quien se le atribuye su llegada a occidente”, lo que refuerza la connotación de lucha popular y antiestablishment que el candidato pretende comunicar.
Paloma Valencia: trabajo duro y cercanía, pero con críticas
Paloma Valencia, por su parte, ha hecho de la camisa camisera blanca o azul claro, ancha, por fuera del pantalón y con las mangas remangadas su sello de campaña. Este look, similar al que popularizó el expresidente Álvaro Uribe, busca transmitir una imagen de laboriosidad y cercanía con la gente. Lays Balli interpreta el mensaje detrás de las mangas remangadas: “Voy a trabajar duro, pero quiero mantenerme cercana”. Sin embargo, no todas las evaluaciones son positivas. Juan Carlos Giraldo señala una falta de cuidado en la presentación de la candidata: “Creo que no le hace mucho bien porque siempre está desprolija, siento que salió de la cama pa’ la calle. Su ropa está arrugada, la talla no me cuadra y creo que no elige la ropa según su tipo de cuerpo, que sería una cosa que todos deberíamos hacer”. Esta contradicción entre el mensaje intencionado de trabajo y la percepción de descuido podría restarle efectividad a su estrategia de comunicación no verbal.
Abelardo de la Espriella: orden y éxito, pero ¿demasiado ostentoso?
En el extremo opuesto del espectro estilístico se encuentra Abelardo de la Espriella, quien mantiene un atuendo impecable: traje a medida azul oscuro sin corbata, pero con un pañuelo en la solapa. Lays Balli describe que “todo en él habla de orden, estructura y éxito, parte de lo que quiere transmitirle al electorado será su gobierno de llegar a ganar”. Sin embargo, Juan Carlos Giraldo considera que el candidato de derecha puede estar exagerando: “Creo que es un poquito exagerado a la hora de presentarse en público, es como si siempre fuera para un cóctel o fuera para un evento muy elegante. Me parece que es ostentoso, a muchos les puede gustar, pero también aleja un poco de su objetivo”. La tensión entre proyectar éxito y mantener la cercanía exigida por la política contemporánea queda así en evidencia: el exceso de formalidad puede generar distancia con el votante común.
En un país donde la política se juega tanto en las plazas como en las pantallas, cada detalle cuenta. Mientras los candidatos afinan sus discursos y estrategias, los ciudadanos también observan (y juzgan) lo que dicen sin palabras. La vestimenta, como lo resumen los expertos, es un capítulo más de la campaña electoral, tan deliberado y estudiado como cualquier alocución. La pregunta que queda flotando es si ese mensaje textil llegará al corazón del electorado colombiano el próximo 31 de mayo.












