Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO
No es una metáfora, ni su alter ego. Es James abierto, que atrapa y seduce, en su documental de Netflix.
Es un desfile de imágenes sostenidas por emotivas frases, verosímiles, de quienes lo conocen y coinciden en su admiración que es popular.
Con testimonios impactantes, agradecidos, cargados de memoria. Con recuerdos de buenos y malos momentos, de llantos y risas, que no siempre coinciden con los que habitan en la memoria colectiva.
El partido con Uruguay en Copa América, por ejemplo, su mejor momento en la Copa América, y su exaltación en el mundial de Brasil.
Allí está el crack en toda su dimensión.
Marcado por el vértigo de la fama, el dinero, las batallas, las mujeres, el ritmo de las adulaciones. Todavía con pólvora en sus botines.
Maduro, optimista y glamuroso. Cubierto de tatuajes, intacto en su esencia. Con inmensas ganas de jugar. En Pelea feroz con su inactividad que lo sacó de forma, pero, respirando el futbol que lo inspira.
El relato es generoso y constructivo por su carrera deslumbrante. Un homenaje abierto a su recorrido.
En el desfilan familiares, compañeros, empresarios y amigos. Sus jugadas eternas. Sus goles icónicos. Incluso aquel olímpico en el pony futbol, cuando su clase insinuaba su destino.
El debut profesional a los 14 años con el club Envigado. Su paso por argentina en Banfield, con uno de sus maestros preferidos, Julio Falcioni.
La conquista de Europa. El Real Madrid y aquella presentación apoteósica. Las voces de Carleto Ancelotti, Cristiano Ronaldo y José Pekerman. Los conflictos con Zinedine Zidane. Todo esto enriquece este maravilloso viaje audiovisual.
También sus días gloriosos en el Porto, Mónaco FC y el FC Bayern Múnich. Y, por supuesto, el inolvidable tributo al futbol con aquella volea celestial frente a Uruguay en el mundial. El zurdazo teledirigido que paralizó al planeta futbol y dejó a todos boquiabiertos.
El grito inmenso de un colombiano convertido en leyenda, como amenaza, como advertencia. La señal inequívoca de lo que James era, es y hoy representa.
El personaje resulta simpático de principio a fin. Sin frases forzadas o libretiadas. Un ganador que aprendió de caídas y sufrimientos.
Como Pilar rubio, su madre, con una carcajada luminosa en cada respuesta, incluso al evocar los tiempos de su sufrida maternidad adolecente, cuando Wilson James Rodríguez, otro talentoso como su hijo, la abandonó atrapado por las noches.
Después, la figura decisiva de Juan Carlos Restrepo, el padre de su hermana Juana, compañero de Pilar por tantos años, quien impulsó su carrera y sostuvo sus sueños hasta el final de sus días.
James eligió el camino correcto: el futbol. Así lo proclama, así lo demuestra, con esa obsesión eterna por la selección Colombia. Con ella se transforma para brindar conciertos de futbol.
James en Netflix vale la pena.
Me enganchó el personaje. Es mi ídolo. El admirado 10. El mejor jugador de la selección Colombia en todos los tiempos. Esteban J.










