En una jornada electoral histórica que superó con creces la participación de 2022, el pasado 31 de mayo Colombia definió los dos nombres que disputarán la Presidencia en segunda vuelta: Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. El candidato outsider de derecha alcanzó 10,3 millones de votos, equivalentes al 43,74% de los sufragios, una cifra que no solo demolió las narrativas de una posible victoria en primera vuelta de su rival, sino que también superó todas las proyecciones de las encuestadoras. El resultado dejó al descubierto una polarización altísima y un país territorialmente dividido.
El triunfo contundente de de la Espriella se explica, según analistas, por una fuga masiva de votantes del Centro Democrático y del centro-derecha en los últimos días de campaña. Mientras la candidata Paloma Valencia perdía fuerza, el electorado optó por el discurso populista directo del outsider, quien evitó alianzas con el centro y mantuvo una coherencia de derecha sin concesiones pragmáticas. Por su parte, Iván Cepeda concentró su votación en la Costa atlántica mediante maquinaria política, y en la Costa pacífica y el sur del país gracias al voto de opinión y al respaldo de su fórmula vicepresidencial Aida Quilcué, representante de poblaciones históricamente marginadas.
Un país partido en dos bloques
El mapa electoral que dejó la primera vuelta muestra una nación fracturada: la derecha se impuso con fuerza en el centro del país, Antioquia, los Llanos Orientales y Norte de Santander, mientras que la izquierda se consolidó en la Costa atlántica, la Costa pacífica y el sur. Este escenario, sumado a que ambos candidatos registran altas tasas de rechazo, plantea un desafío mayúsculo de cara a la segunda vuelta. El centro político, conformado por los votantes de candidatos que no alcanzaron el 3% —como Sergio Fajardo y Claudia López—, se convierte en el bloque decisivo. Se anticipa una migración del voto verde hacia Iván Cepeda, mientras que los partidos tradicionales (Conservador, Liberal y de la U) podrían experimentar disidencias internas.
«Los resultados del 31 de mayo de 2026 han dado cierta credibilidad a las encuestadoras sobre los candidatos que iban a pasar a segunda vuelta, incluso demoliendo la narrativa del candidato Iván Cepeda de ganar en primera vuelta.»
Camilo Gonzales, profesor de Relaciones Internacionales
El académico Camilo Gonzales, maestro en Ciencias Políticas de la Universidad de Salamanca y profesor de Relaciones Internacionales en las universidades Javeriana y San Buenaventura, añadió que «es un resultado que incluso supera con creces las votaciones del año 2022 y, particularmente, nos muestra una elección altísimamente polarizada». Según Gonzales, los votantes anticiparon una segunda vuelta buscando un voto negativo contra el rival, y el candidato más viable para derrotar al oficialismo era Abelardo de la Espriella, no Paloma Valencia.
Los desafíos democráticos de la segunda vuelta
Más allá de las cifras, el proceso electoral deja interrogantes sobre el compromiso democrático de ambos aspirantes. Por un lado, Iván Cepeda ha impulsado la idea de una Asamblea Constituyente, mientras que Abelardo de la Espriella ha solicitado lo que algunos sectores consideran un «cheque en blanco» para gobernar. En este contexto, la reacción de los candidatos y su estrategia frente a estas dudas será clave para conquistar al electorado de centro. La tarea del próximo presidente, advierten los expertos, será unir al país en dos frentes críticos: la seguridad y la desigualdad económica.
El Centro Democrático, por su parte, busca sobrevivir mediante sangre nueva, adoptando una estructura menos institucionalizada y apelando al carisma que rodeaba al uribismo. En contraste, la izquierda se ha institucionalizado como partido y moviliza maquinaria política tradicional, especialmente en la Costa atlántica. La primera vuelta de 2026 no solo reconfiguró el mapa político, sino que abrió una etapa en la que cada voto del centro definirá el rumbo del país.












