De la Espriella y Cepeda buscan alianzas y movilizar abstencionistas para segunda vuelta

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La campaña hacia la segunda vuelta presidencial, que definirá el próximo mandatario de Colombia el 31 de mayo de 2026, ha entrado en una fase decisiva con los candidatos Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda buscando expandir su base electoral. Ambos aspirantes, que representan a la oposición y al Pacto Histórico respectivamente, han puesto en marcha estrategias que combinan la búsqueda de apoyos explícitos de candidatos derrotados con planes para movilizar a los millones de abstencionistas que marcaron la primera vuelta. En este tablero político, los votos no son endosables automáticamente, pero los anuncios de alianzas y respaldos impactan de manera significativa la opinión pública, configurando el panorama de cara a la recta final.

El primer movimiento contundente lo realizó la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, quien otorgó un respaldo inmediato y sin reservas a Abelardo de la Espriella, consolidando un bloque opositor que ya suma las maquinarias políticas tradicionales. Sin embargo, las expectativas de nuevas adhesiones para De la Espriella parecen limitadas, pues figuras como Sergio Fajardo, quien obtuvo un millón de votos en la primera vuelta, han manifestado profundas diferencias con el candidato. Fajardo ha llegado a calificar a De la Espriella como representante de la “cultura mafiosa”, lo que hace improbable un acercamiento. Por su parte, Claudia López, quien superó los 200.000 sufragios, ha sido particularmente dura con Iván Cepeda, denominándolo “el abogado de la mafia”, una declaración que marca una distancia insalvable con el candidato del Pacto Histórico.

Las alianzas en juego y la autocrítica de los derrotados

En medio de este escenario, Sergio Fajardo ha asumido un rol protagónico, declarando que su caudal de votos es “importante para definir la suerte de nuestro país” y advirtiendo que “no se irá a ver ballenas a Nuquí”, en clara señal de que mantendrá una participación activa durante las próximas semanas. El exgobernador de Antioquia incluso sostuvo una reunión en el Hotel El Prado de Barranquilla con Paloma Valencia, aunque fue descrito como un “ejercicio de purismo y distancia política sin acuerdos concretos”. Claudia López, por su parte, ha hecho un llamado directo a Iván Cepeda para “liderar una plataforma que defienda a la gente, enderece el rumbo de la campaña y de lo que ofrecen como gobierno”, una propuesta que, sin embargo, choca con las duras acusaciones previas. Otros candidatos derrotados como Santiago Botero, quien también superó los 200.000 votos, y el resto de aspirantes que no alcanzaron el 1% de la votación, permanecen en una posición expectante, aunque el nombre de Botero se vio envuelto en una denuncia por violencia intrafamiliar en plena semana electoral, lo que complica cualquier posible alianza.

La estrategia de la campaña de De la Espriella enfrenta retos internos. Analistas sugieren que el candidato debería otorgar un mayor protagonismo a su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, cuya imagen transmite confianza, honestidad y profesionalismo, y reducir la exposición pública de los influenciadores del grupo “Defensores de la Patria”. Se argumenta que la beligerancia de estos últimos podría estar alejando a potenciales aliados y a votantes que no se identifican plenamente con el núcleo duro “abelardista”.

“Importante para definir la suerte de nuestro país”

Sergio Fajardo, candidato presidencial derrotado

Movilización en la Costa Atlántica: el desafío de la abstención

Para la campaña de Iván Cepeda, la conquista de los votantes de las candidaturas derrotadas se perfila como una tarea más compleja, dados los enfrentamientos verbales y las diferencias programáticas acumuladas. Por ello, su estrategia podría concentrarse en la movilización de los abstencionistas, un sector que históricamente ha sido decisivo en segundas vueltas. El análisis de los resultados de la primera vuelta revela un dato revelador: en departamentos como Bolívar y Córdoba, donde Cepeda obtuvo la victoria, la abstención superó ampliamente el promedio nacional. Esto sugiere que, a pesar del triunfo, existe un enorme potencial de votantes que no acudieron a las urnas y que podrían definir la balanza. Las estructuras de movilización electoral en la Costa Atlántica, tradicionalmente apoyadas en prácticas que han sido cuestionadas e incluso calificadas como ilegales, han demostrado ser un factor determinante en elecciones anteriores.

Mientras tanto, el presidente Gustavo Petro y su candidato Iván Cepeda han optado por desconocer los resultados de la primera vuelta, una postura que, desde la oposición, es vista como un intento de alimentar narrativas incendiarias y desconfianza. En este contexto, la oposición necesita una victoria contundente para evitar que se generen movilizaciones que pongan en tela de juicio el proceso electoral. La segunda vuelta del 31 de mayo se presenta, así, como un escenario donde las alianzas tácticas, la capacidad de movilizar a los indecisos y la gestión de la imagen de los candidatos serán las claves para definir quién gobernará Colombia a partir de agosto. Las próximas semanas serán cruciales para observar cómo se materializan estas estrategias y si los llamados a la unidad logran superar las profundas divisiones que marcaron la primera ronda electoral.

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