Especialistas en medicina del sueño han puesto en entredicho la creencia popular de que dormir entre siete y ocho horas es la clave para despertar recuperado. Según advierten, la calidad del descanso, los horarios en los que se duerme y los hábitos previos a acostarse son factores igual o más determinantes que la cantidad de horas. Nuria Roure, psicóloga, doctora en medicina del sueño y acreditada Somnologist por la European Sleep Research Society, y Celia García Malo, neuróloga especialista en Medicina del Sueño y codirectora de Clínica CISNe, explican que mucha gente atribuye problemas de atención o memoria al estrés o a la edad, sin percibir que el deterioro cognitivo puede deberse a una falta de sueño insuficiente o de mala calidad.
La privación crónica del sueño, alertan las expertas, afecta funciones cerebrales esenciales como la atención, la memoria de trabajo, la velocidad de procesamiento y el razonamiento, con un impacto directo en la corteza prefrontal. Roure es contundente al afirmar que “dormir menos de seis horas de forma crónica reduce hasta un 30% tu capacidad cognitiva”. Esta cifra revela la dimensión del problema en una sociedad donde cada vez es más común sacrificar horas de sueño por trabajo, estudio o entretenimiento nocturno.
El ritmo circadiano y la sincronía del descanso
Para entender qué hace que un sueño sea reparador, García Malo explica el papel del reloj biológico interno. “Nuestro sueño está regulado por un reloj biológico interno, el ritmo circadiano, que regula la temperatura corporal, la secreción de melatonina, además de procesos metabólicos, hormonales y cerebrales muy complejos”, señala la neuróloga. Cuando se duerme en un horario alineado con ese ritmo, el descanso suele ser más eficiente, las fases del sueño y su arquitectura se mantienen estables y los procesos fisiológicos normales se llevan a cabo de manera completa. El problema, advierte, es que “podemos dormir suficientes horas, pero en una franja menos sincronizada con nuestra biología. Además, somos más vulnerables a recibir exposición adicional a fuentes de luz artificiales, incluidas las pantallas”.
“Nuestro sueño está regulado por un reloj biológico interno, el ritmo circadiano, que regula la temperatura corporal, la secreción de melatonina, además de procesos metabólicos, hormonales y cerebrales muy complejos”
Celia García Malo, neuróloga
Acostarse demasiado tarde, aunque se cumplan las horas en la cama, puede alterar ese ritmo y reducir la calidad del sueño. La luz de las pantallas de celulares, computadores y televisores interfiere directamente en la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño, lo que agrava aún más el desajuste. Las especialistas ofrecen recomendaciones prácticas para mejorar el descanso: reducir la exposición a dispositivos electrónicos al menos una hora antes de dormir, evitar cenas abundantes o muy tardías, y mantener horarios regulares tanto para acostarse como para levantarse, incluso los fines de semana. La clave, concluyen, no está solo en contar horas, sino en respetar la biología del sueño para despertar realmente recuperado.












