La selección Colombia escribió una de las páginas más gloriosas de su historia futbolística el 3 de junio de 1962 en el Estadio Carlos Dittborn de Arica, Chile, al empatar 4-4 con la poderosa Unión Soviética, vigente campeona de Europa, en un partido que pasó a la posteridad como «El milagro de Arica». Dirigidos por el legendario Adolfo Pedernera, los colombianos lograron una remontada épica tras ir perdiendo 3-0 en apenas los primeros quince minutos de juego, y luego 4-1 en el segundo tiempo, para terminar igualando el marcador con tres goles en ocho minutos, incluido el único gol olímpico en la historia de los Mundiales, obra de Marcos Coll.
El partido comenzó de forma desastrosa para el combinado nacional. A los ocho minutos, Valentin Ivanov abrió el marcador; dos minutos después, Igor Chislenko amplió la ventaja, y al minuto 11, nuevamente Ivanov puso el 3-0. «No iban 15 minutos y ya perdíamos 3-0. Yo pensé que nos iban a masacrar», recordaría años después Marcos Coll. Sin embargo, antes del final del primer tiempo, Hermán «Cuca» Aceros descontó para dejar el parcial 3-1. En el vestuario, Pedernera arengó a sus jugadores: «Nos dijo que habíamos mejorado el juego que tuvimos ante Uruguay, y que ante la Unión Soviética estábamos jugando mejor que ellos, que no bajáramos el ánimo y que siguiéramos tocando y distribuyendo el balón, pero que había que redoblar la posición, y sobre todo, que pasara lo que pasara, no dejáramos de divertirnos», relató el arquero Efraín «Caimán» Sánchez.
La remontada histórica
En la segunda mitad, la Unión Soviética parecía sentenciar el duelo cuando Viktor Ponedelnik anotó el 4-1 al minuto 56. Pero Colombia no se rindió. Al minuto 68, Marcos Coll ejecutó un tiro de esquina que sorprendió al legendario guardameta Lev Yashin: «Cuando yo pongo la pelota en el semicírculo, veo esos tipos con la estatura que tienen y el alto de nosotros. Delio ‘Maravilla’ Gamboa no estaba jugando (por lesión en el tobillo). Dios me iluminó y la voy a tirar a media altura. Cuando yo le pego, la tiro casi al nivel del cuerpo del que está cubriendo el primer palo. Cuando la vio encima se giró, y ahí es cuando el balón pica y va para adentro. Ahí yo lo digo y no me avergüenzo de decirlo, ahí es cuando verdaderamente se cae Rusia», declaró Coll sobre el gol olímpico.
«Pudimos haber ganado, pues en el último minuto Héctor ‘Charol’ González tuvo una oportunidad increíble de gol, al igual que Coll otra. Lamentablemente, no se convirtieron»
Efraín «Caimán» Sánchez, arquero de la selección Colombia
Cuatro minutos después del gol de Coll, Antonio Rada igualó parcialmente el marcador con un potente remate, y al minuto 76, Marino Klinger completó la remontada con el 4-4 definitivo. El estadio, que albergaba aproximadamente a 8.000 aficionados, fue testigo de una hazaña sin precedentes. Colombia formó con Efraín Sánchez; Aníbal Alzate, Jaime González, Óscar López; Héctor Echeverri, Rolando Serrano; Marcos Coll, Hermán Aceros, Marino Klinger, Antonio Rada y Héctor González. Delio «Maravilla» Gamboa no pudo jugar por una lesión en el tobillo.
El legado de un partido inmortal
La Unión Soviética, con el considerado mejor arquero del mundo, Lev Yashin, era la gran favorita del Grupo 1, pero el empate ante Colombia significó un duro golpe. Para el equipo nacional, aquel partido representó su primer gran hito en Copas del Mundo, a pesar de que luego perdieron 5-0 ante Yugoslavia cuatro días después y quedaron eliminados con un empate y dos derrotas, cinco goles a favor y once en contra. A su regreso a Bogotá, más de 300 mil espectadores acompañaron al equipo desde el Aeródromo de Techo hasta el Palacio de San Carlos, donde el presidente Alfonso Lleras Camargo los recibió. Marcos Coll, quien siempre lamentó no haber guardado el guayo con el que anotó el gol olímpico —»Esa es una de las cosas que me he arrepentido toda mi vida, el no haber guardado ese guayo derecho talla 40″—, se convirtió en una leyenda del fútbol colombiano. El «Milagro de Arica» sigue siendo, más de seis décadas después, un símbolo de resiliencia y orgullo nacional.










