El delantero chocoano que esperó una vida para reclamar su trono en el área
El camino de Jhon Andrés Córdoba Copete hacia la Selección absoluta ha sido un ejercicio de paciencia, resistencia y goles incontestables
Durante años, mientras rompía redes en el fútbol de Alemania (Mainz 05, Colonia, Hertha Berlín) y se consolidaba como una fuerza de la naturaleza en el Krasnodar de Rusia, el llamado de la Tricolor parecía esquivo, casi injusto. Pero el delantero nacido en Istmina, Chocó, e hijo de la leyenda del gol Asisclo ‘Triciclo’ Córdoba, nunca bajó los brazos. Sabía que el fútbol, tarde o temprano, termina premiando a los que insisten con la contundencia de los gritos de gol.
Córdoba es el prototipo del centrodelantero moderno que intimida con solo mirarlo. Su imponente físico, su potencia para aguantar el balón de espaldas al arco y una capacidad única para chocar y ganarles los duelos a los defensas centrales más rigurosos del mundo, le dan a Colombia una variante ofensiva que no tenía desde los mejores tiempos de Radamel Falcao García.
Jhon no solo espera el centro en el área; genera espacios para sus compañeros, arrastra marcas con sus diagonales y es el primer defensor del equipo presionando la salida del rival con una intensidad feroz.
El momento de su consagración definitiva con el país ha llegado en la madurez de su carrera. En este Mundial 2026, Córdoba se presenta como la carta principal de gol de la era Lorenzo, un atacante que llega con el tanque lleno de confianza y el hambre acumulada de quien esperó una vida entera por esta oportunidad.
Sus goles no son casualidad; son el resultado de un portento físico y una técnica de definición pulida en las ligas más duras de Europa. Las defensas mundialistas están advertidas: en el área de Colombia hay un tanque chocoano listo para derribar cualquier portón que se le cruce en el camino.












