El fútbol femenino colombiano ya no es una promesa; es una realidad que se escribe con letras doradas, rebeldía y, sobre todo, resiliencia
El pasado martes, en el caluroso césped del Defensores del Chaco en Asunción, la Selección Colombia Femenina alzó su primer título de la CONMEBOL Liga de Naciones en una final de infarto que terminó 3-4 contra Paraguay. Aunque los focos suelen buscar las genialidades de Linda Caicedo o la potencia de Mayra Ramírez, la noche paraguaya le perteneció a una joven de 21 años nacida en Mistrató, Risaralda: Ana María “La Mona” Guzmán Zapata
Por SAMUEL SALAZAR NIETO

La historia de “La Mona” es el reflejo del biotipo de la futbolista colombiana: talento puro forjado a pulso y sacrificio. Sus primeros balonazos los dio a los 10 años en el equipo Mistrató Sueños Dorados, pero su proyección la obligó a mudarse al Atlético Dosquebradas, un trayecto que implicó madrugones, pasajes contados y el apoyo incondicional de su familia en el Eje Cafetero.
A los 15 años ya era la goleadora histórica de las selecciones de su departamento, demostrando desde niña una verdad incómoda para los directores técnicos rivales: Guzmán juega con el número de una defensora, pero tiene el instinto asesino de una delantera.
Hizo parte de esa generación prodigio que enlazó tres mundiales seguidos (Sub-17, Sub-20 y Mayores), saboreando la gloria del subcampeonato en India, pero también el trago amargo del fútbol de alta competencia. Su personalidad arrolladora la llevó rápidamente al viejo continente, donde el gigante Bayern Múnich aseguró sus derechos. Sin embargo, el fútbol —como la vida— le puso una prueba de fuego en forma de una grave lesión que frenó su continuidad en Alemania. Para recuperar su nivel, Guzmán emigró temporalmente al Palmeiras de Brasil, un fogueo internacional que la trajo de vuelta a la Tricolor en su máxima plenitud física.
Con Palmeiras es regularmente titular en los compromisos que ‘el Verdao’ cumple en el Brasileirao. Allí además se coronel año pasado campeona del fútbol de ese país.
La doble estocada en Asunción
El partido contra Paraguay fue un drama táctico. Colombia comenzó remando contracorriente tras un gol tempranero de penalti de las locales. Fue ahí, en el minuto 6, cuando apareció el carácter de la risaraldense. Desbordando por el carril derecho, descolocó a la zaga guaraní y, con una sutil definición de pierna izquierda, clavó el empate que le devolvió el alma al cuerpo al equipo dirigido por Ángelo Marsiglia.


El clímax de la noche llegó en el minuto 88. Con el marcador empatado 3-3, las piernas cansadas y la sombra de Argentina amenazando en la tabla de posiciones, el partido pedía una heroína. Marcela Restrepo filtró un balón al espacio y Guzmán, rompiendo el molde de su posición defensiva, se proyectó al ataque en una cabalgata memorable. Frente a la arquera paraguaya, definió con la frialdad de los elegidos para sellar el 3-4 definitivo.
«Llevamos muchos años detrás de objetivos y lograr esto es algo inmenso. Lo soñamos desde chiquitas», declaró una emocionada Ana María al finalizar el encuentro, con la medalla de campeona colgada al pecho.
Con este título, Colombia no solo llena sus vitrinas, sino que consolida un bloque de cara al Mundial de Brasil y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Y en el centro de esa pizarra, la niña que salió de las canchas de Mistrató demostró que no le teme a los escenarios gigantes. «La Mona» Guzmán ya no solo asiste; ahora es ella quien firma los goles que hacen historia.
Surge ahora un gran interrogante sobre su futuro. Seguirá en Brasil o el gigante Bayer Munich la reincorporará a sus filas?
Fotos: @guzman013_ y @conmebol
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