El candidato presidencial Iván Cepeda, del Pacto Histórico, propuso durante la disputa de la Copa del Mundo 2026 que el próximo gobierno busque que Colombia organice un Mundial de fútbol, reactivando así el debate sobre la fallida sede de 1986. La declaración, realizada en redes sociales, se da en plena campaña para los comicios del 21 de junio de 2026 y ha sido calificada de populista por otros aspirantes como Abelardo de la Espriella.
Cepeda afirmó textualmente: «Pero, por supuesto, que hagamos un Mundial en Colombia. Ese debe ser un propósito de un gobierno, hacer que Colombia sea la sede de una Copa del Mundo». La propuesta revive el antecedente de Colombia 1986, el único caso en que un país declinó organizar el torneo tras haber sido elegido sede en 1974, durante el gobierno de Misael Pastrana Borrero. La renuncia fue anunciada en 1982 por el presidente Belisario Betancur, ante la imposibilidad de cumplir con los exigentes requisitos de la FIFA: estadios con capacidad superior a 40.000 espectadores, hoteles de máxima categoría, vías de acceso modernas y servicios de comunicación adecuados.
Las razones del fracaso de 1986
En aquel momento, Colombia atravesaba una grave crisis económica, con una enorme deuda externa y un auge del narcotráfico que desató una guerra contra el Estado liderada por Pablo Escobar. El costo estimado para adecuar la infraestructura era elevadísimo para las finanzas públicas, y en el Congreso se debatió la conveniencia de destinar dinero a obras deportivas en medio de la violencia y la falta de recursos básicos. Sindicatos y gremios pidieron revisar el compromiso, y finalmente la FIFA aceptó la renuncia y trasladó el Mundial a México, que celebró una de las ediciones más recordadas, con la consagración de Diego Armando Maradona.
«Pero, por supuesto, que hagamos un Mundial en Colombia. Ese debe ser un propósito de un gobierno, hacer que Colombia sea la sede de una Copa del Mundo»
Iván Cepeda, candidato presidencial del Pacto Histórico
La propuesta de Cepeda divide a los votantes y reabre heridas de un episodio que marcó la historia deportiva del país. Mientras unos ven en la idea una oportunidad para impulsar el desarrollo y la imagen internacional, otros la consideran una promesa inviable que ignora las lecciones del pasado. El próximo gobierno, sea cual sea el ganador en junio, tendrá que decidir si este sueño futbolístico merece convertirse en política de Estado o si queda en el olvido como en 1986.












