La comunidad de Samaniego, en el departamento de Nariño, vivió una despedida que quedará marcada en la memoria colectiva: cientos de habitantes se congregaron para rendir un último homenaje a Tobby, un perro callejero que durante años se convirtió en el símbolo de unión y lealtad del municipio. El can, que falleció el pasado 12 de junio, recibió un tributo en vida previo a su muerte, y su partida fue acompañada de caricias, flores y lágrimas con las que sus amigos humanos intentaron devolverle una fracción de los años de compañía y fidelidad que él les regaló, según expresaron los propios vecinos en redes sociales.
Tobby no tenía un dueño fijo, pero su hogar era todo Samaniego. Llegó al pueblo tras la muerte de su dueño original, un hombre de Providencia que falleció en la localidad, y desde entonces decidió quedarse para siempre. Su rutina era tan peculiar como entrañable: cada vez que escuchaba las campanas de la iglesia, levantaba las orejas en señal de alerta y corría a despedir al difunto hasta el cementerio. Asistía a funerales, misas, desfiles y todo tipo de actos comunitarios. Los sábados frecuentaba el mercado y los domingos se le veía jugar con los niños en el parque Sol Andino. Hace dos años, durante una peregrinación a Yascual, se perdió durante quince días y regresó enfermo y débil; su retorno fue celebrado por todo el pueblo, que lo recibió con los brazos abiertos.
Un mural que inmortaliza su legado
El cariño de la comunidad por Tobby trascendió su muerte. En noviembre de 2024, el reconocido caricaturista Matador, junto con el Fondo Paz del Gobierno, pintaron un mural en su honor en las calles de Samaniego. La obra fue elegida por los niños del pueblo, quienes decidieron que el protagonista fuera Tobby. “Todos los niños escogieron a Tobby y el taller se basó en Tobby, que gracias a los niños estamos empezando a dibujar este mural”, relató el artista en su momento. En sus últimos años, el perro fue acogido por una familia animalista local que le brindó atención médica y refugio, aunque las puertas de cada hogar en Samaniego estaban abiertas para él. Su familia era, literalmente, el pueblo entero, según citaron varios vecinos.
“Un homenaje lleno de caricias, flores y lágrimas con el que intentaron devolverle una fracción de los años de compañía y fidelidad que él les regaló”.
Habitantes de Samaniego, en redes sociales
El legado de Tobby, sin embargo, no se apaga con su partida. Tras su muerte, varios habitantes han expresado el deseo de que su historia inspire la creación de un albergue para perros callejeros en el municipio. Mientras ese sueño toma forma, el recuerdo del can que acompañó silenciosamente a los samanieguenses en momentos de alegría y dolor sigue vivo. Como bien lo resumió un homenaje en redes sociales: “Tobby, gran can, murió glorioso en Samaniego, pero vivirá eternamente en nuestros corazones”.












