Las visiones antagónicas de Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella sobre multilateralismo, alianzas internacionales y soberanía han convertido la política exterior en uno de los ejes centrales del debate presidencial de cara a la segunda vuelta del 21 de junio de 2026. El senador oficialista del Pacto Histórico y el abogado opositor conocido como “El Tigre” representan dos formas radicalmente opuestas de entender el rol de Colombia en el escenario global, en un momento en que el país busca reposicionarse tras cuatro años de administración de Gustavo Petro, caracterizados por una “evidente incertidumbre” en sus relaciones con Estados Unidos, la OEA y la Unión Europea.
El gobierno saliente, que entregará el poder el 7 de agosto de 2026, dejó un legado de tensiones con potencias y organismos multilaterales debido a su énfasis en la defensa de la Amazonía, la transición energética y los derechos humanos, así como un enfoque antidrogas que chocó con Washington. Con 47 días restantes desde que se conozca al ganador de la segunda vuelta hasta la asunción del nuevo mandatario, ambos candidatos han publicado sus programas de gobierno para delinear el rumbo internacional del país durante el período 2026-2030.
Dos modelos de inserción global
Iván Cepeda, en su plan titulado “Política Exterior para la Vida”, propone profundizar y continuar las políticas de Petro, apostando por un liderazgo regional y un multilateralismo activo. Su agenda incluye fortalecer la presencia en la Celac y el Tratado Amazónico, impulsar la justicia climática, reformar la Cancillería con un enfoque feminista, antirracista y decolonial, abandonar el modelo prohibicionista en política antidrogas y reconocer a la diáspora colombiana como parte integral de la nación. En contraste, Abelardo de la Espriella plantea una ruptura drástica: su programa se basa en una soberanía radical que contempla la posible salida de Colombia de la ONU, la OEA y la CIDH, así como el cierre de varias representaciones diplomáticas. Propone una alianza bilateral estrecha con Estados Unidos e Israel, incluyendo el traslado de la embajada colombiana a Jerusalén y la instalación de bases militares estadounidenses en territorio nacional.
La interpretación de la soberanía es el punto de quiebre entre las dos campañas. Mientras Cepeda la entiende como la capacidad de ejercer liderazgo y construir consensos en organismos multilaterales, De la Espriella la concibe como el derecho a desmarcarse de cualquier instancia supranacional y priorizar relaciones bilaterales con gobiernos afines a su ideología, identificándose abiertamente con líderes como Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei. Su concepto de “diplomacia en casa” implica no realizar viajes al exterior y gestionar la relación con Venezuela a través del Departamento de Estado de Estados Unidos, priorizando la eficiencia económica y la seguridad jurídica para atraer inversión extranjera.
Con la segunda vuelta a la vuelta de la esquina, el electorado colombiano deberá definir si el país continúa por la senda del multilateralismo crítico y la autonomía relativa que impulsó Petro, o si emprende un giro radical hacia un alineamiento selectivo con potencias conservadoras, en un contexto donde la política exterior nunca había ocupado un lugar tan protagónico en una contienda presidencial.












