Abaten a alias Marlon, segundo de Iván Mordisco, en bombardeo en el Cauca

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En una operación militar que marca un hito en la lucha contra los grupos armados ilegales del suroccidente colombiano, el Ejército Nacional confirmó la muerte de alias Marlon, identificado como el segundo al mando de las disidencias de ‘Iván Mordisco’ y señalado como el máximo responsable de una escalada de violencia que ha aterrorizado a las comunidades del Cauca. El cabecilla cayó tras un bombardeo ejecutado por unidades de Fuerzas Especiales en una zona rural del departamento, un golpe que el presidente Gustavo Petro calificó como el más duro asestado contra las estructuras de la mafia en el occidente del país.

La operación militar, que se desarrolló en medio de un hermetismo propio de este tipo de acciones, buscaba al hombre que el propio presidente Petro señaló como el “jefe máximo de los frentes del Cauca” y a quien se le atribuye la autoría intelectual del atentado en el túnel de Cajibío, ocurrido el 25 de abril de 2026. Aquel día, una explosión en plena vía Panamericana, que conecta a Cali con Popayán, dejó un saldo trágico de 20 personas fallecidas, convirtiéndose en uno de los eventos más luctuosos contra la población civil en los últimos años. Por información que condujera a su captura, el Ministerio de Defensa había ofrecido una recompensa de 5.000 millones de pesos, una cifra que reflejaba la alta prioridad del objetivo.

El fin de una trayectoria criminal

Alias Marlon no era un desconocido para las autoridades. Su historia criminal incluye un paso por la desmovilización y la amnistía ofrecida por la Jurisdicción Especial para la Paz en 2017, un camino que abandonó en 2019 para regresar a las filas de la ilegalidad, integrándose a la estructura de ‘Iván Mordisco’. Desde entonces, se le vincula con una decena de delitos que van desde el narcotráfico y la minería ilegal hasta el reclutamiento forzado de menores, pasando por una larga lista de atentados. Las Fuerzas Militares le atribuyen al menos ocho acciones violentas recientes contra civiles, militares y líderes sociales en los departamentos de Cauca y Valle del Cauca, incluyendo el asesinato de la candidata a la alcaldía de Suárez, Karina García, en 2019.

La muerte del cabecilla se produce en un contexto de máxima alerta en la región, desatada precisamente por el atentado de Cajibío. Tras aquella masacre, las Fuerzas Militares desplegaron un imponente operativo de ocho pelotones y dos vehículos blindados en el Cauca y el Valle del Cauca, con la orden de dar caza a los responsables. La suspensión de la orden de captura que pesaba contra alias Marlon, anulada por su incumplimiento de los compromisos en los diálogos de paz, había allanado el camino para una ofensiva militar sin cuartel.

“No me gusta hablar de muertos porque son muertos colombianos que no deberían ser si hubiese paz, (…) el jefe máximo de los frentes del Cauca que había enfrentado al Gobierno y matado a los indígenas y caucanos en general, alias Marlon, segundo de alias Iván Mordisco, ha caído en combate. Es el golpe más duro a las estructuras armadas de la mafia que hemos dado en el occidente de Colombia. Por el número de fusiles y personas presas y niños liberados, ya la estructura en el Cauca de esta organización ha sido derrotada. La paz es el camino pero sin ingenuidades. Victoria del ejército de la nación y más seguridad para Colombia. Colombia puede desconectarse de las economías ilícitas y construir su paz.”

Gustavo Petro, Presidente de Colombia

Desde las filas militares, el mensaje fue de contundencia. El general Hugo Alejandro López, comandante de las Fuerzas Militares, aseguró que “la ofensiva se mantiene y se intensificará con todas las capacidades” en colaboración con entidades del Estado y autoridades regionales. Por su parte, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, fue directo al afirmar que “alias Marlon responderá pronto ante la justicia”, y que no permitirían que continuara “asesinando y aterrorizando a los colombianos”. La baja de este cabecilla, asociado a otros miembros de alto perfil como los conocidos “Max Max” y “Oso Yogui” –expertos en explosivos–, representa un desmantelamiento significativo del Estado Mayor Central en una de sus regiones más violentas, dejando abierta la esperanza de un respiro para las comunidades que por años han sufrido el azote de la guerra.

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