Voto en blanco no superó el 2% pese a expectativas en elecciones presidenciales

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La segunda vuelta presidencial en Colombia, celebrada el domingo 21 de junio, dejó una de las contiendas más reñidas de la historia nacional, pero también un dato que contrastó con los pronósticos: el voto en blanco, lejos de dispararse como algunos analistas proyectaban ante el descontento ciudadano, se mantuvo en niveles discretos. Según el preconteo de la Registraduría Nacional del Estado Civil, con el 99,99% de los votos informados, esta opción alcanzó apenas el 1,63%, equivalente a 426.845 sufragios. La cifra representa una leve disminución frente al 1,71% registrado en la primera vuelta, cuando se contabilizaron 406.970 votos en blanco, desvirtuando las expectativas de una oleada de inconformismo que presionara a las urnas.

El candidato ganador, Abelardo de la Espriella, de la derecha, se impuso con 12.959.515 votos, equivalentes al 49,66% de la votación, mientras que su rival, Cepeda, obtuvo 12.708.695 sufragios, un 48,70%. La diferencia entre ambos fue de tan solo 0,96 puntos porcentuales, lo que convirtió a esta elección en una de las más ajustadas en la historia del país. La alta polarización, sin embargo, no se tradujo en un repunte del voto en blanco, que suele ser un mecanismo de expresión democrática para quienes no se sienten representados por ninguna de las opciones en disputa. Varios líderes de centro, como Humberto de la Calle, Jorge Enrique Robledo y Juan Manuel Galán, habían promovido activamente esta alternativa como una forma de manifestar inconformismo, pero el llamado no logró movilizar a un número significativo de votantes.

Participación histórica y otros indicadores

La jornada electoral del domingo sí marcó un hito en términos de participación. La afluencia a las urnas alcanzó el 63,60%, la más alta de la historia para una segunda vuelta presidencial en Colombia, superando por un amplio margen el 57,88% registrado en la primera vuelta. En total, 2.389.851 electores adicionales acudieron a votar en la segunda vuelta, un incremento que refleja el interés ciudadano por definir una contienda que se anticipó cerrada. Sin embargo, este entusiasmo no se reflejó en un crecimiento del voto en blanco, que en el contexto colombiano no tiene efecto vinculante en una segunda vuelta, es decir, aunque superara el umbral requerido, no obligaría a repetir la elección.

Otros indicadores de la votación también muestran una ligera mejora en la claridad del sufragio. Los votos no marcados en segunda vuelta fueron el 0,11%, frente al 0,19% de la primera, y los votos nulos descendieron al 0,83%, comparados con el 1,02% registrado inicialmente. Estas cifras sugieren que, pese a la polarización y la estrechez del resultado, los colombianos ejercieron su derecho al voto de manera más definida, sin recurrir masivamente a opciones de protesta como el voto en blanco o la anulación del sufragio. El análisis de los resultados reafirma que, en una elección tan reñida, el inconformismo no encontró en las urnas un canal de expresión significativo, pese a que el voto en blanco ha sido históricamente «satanizado» en cada contienda electoral como una opción que resta fuerza a los candidatos.

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