En una jornada electoral que mantuvo en vilo al país hasta el último minuto, Abelardo de la Espriella, candidato de Defensores de la Patria, se impuso como presidente electo de Colombia en la segunda vuelta del 22 de junio por un margen de apenas 0,96 puntos porcentuales frente a Iván Cepeda, del Pacto Histórico. Con el preconteo superando el 99% de las mesas, De la Espriella alcanzó 12.959.542 sufragios, equivalentes al 49,66% de los votos, mientras que Cepeda obtuvo 12.708.712 votos, un 48,70%. La diferencia real, inferior a un punto, contrastó de forma abrupta con las proyecciones de las principales encuestadoras, que habían pronosticado una ventaja holgada para el ganador.
AtlasIntel y Guarumo, dos de las firmas más seguidas durante la campaña, fallaron por más de seis puntos porcentuales en sus estimaciones. AtlasIntel proyectó un 52,2% para De la Espriella frente a un 44,5% para Cepeda, una diferencia prevista de 7,7 puntos, cuando su margen de error declarado era de apenas dos puntos. Guarumo, por su parte, anticipó una brecha de 7,6 puntos, con un margen de error del 2,9%. En ambos casos, el error real superó ampliamente los límites estadísticos aceptables. El Centro Nacional de Consultoría (CNC) fue la única firma entre las cuatro principales que entregó una estimación cercana a la realidad: proyectó 48,6% para De la Espriella y 44,7% para Cepeda, una diferencia de 3,9 puntos, y su error real respecto al resultado final fue de 2,9 puntos, dentro de su margen declarado del 3%.
El desempeño de las encuestas reabrió el debate sobre la confiabilidad de los sondeos en un clima electoral marcado por la nueva ley de encuestas, que durante la campaña fue objeto de críticas por reiteradas infracciones identificadas en auditorías, sin que el Consejo Nacional Electoral aplicara medidas correctivas efectivas. Esta situación redujo la cantidad de sondeos publicados, lo que paradójicamente aumentó su peso en el debate público y en la percepción ciudadana. La elección, resuelta por menos de un punto, subraya la importancia de anticipar no solo al ganador sino también la magnitud de la diferencia, tal como lo advirtieron analistas durante la recta final.
Tras conocerse los resultados, AtlasIntel defendió la validez de un sondeo interno no publicado, un denominado «tracking poll clandestino», que supuestamente anticipaba el estrecho margen, pero nunca fue oficializado ni divulgado durante la campaña. El escrutinio definitivo está pendiente de la proclamación oficial por parte de las comisiones escrutadoras, aunque el preconteo de la Registraduría Nacional del Estado Civil ofreció una imagen casi completa de la voluntad popular. Colombia asistió así a una de las definiciones más ajustadas de su historia reciente, donde la precisión de los números se convirtió en un factor tan decisivo como la propia campaña.












